Dolió pero adiós

Otra vez, igual que antes, escribiendo sobre ti y lo que alguna vez creí que eras. Lo peor de todo es que no te importa en absoluto ser el dueño de mis pensamientos. Prometiste jamás soltarme. Decías que siempre estarías conmigo, que me amabas. Pero nunca dijiste la verdad.
Tropiezo de nuevo con la misma roca y termino escribiéndote nuevamente. Sé que no lo mereces, pero yo sí. Lo necesito.
Necesito volar bien alto, librarme de todo lo que significas para mí. Todos esos oscuros sentimientos y recuerdos que acarreas. Puede que me cueste, pero al final lo voy a lograr.
¿Cuando te volviste tan importante? Es ironico, sabes? Es decir, cada vez que te recuerdo se me nubla la vista. No es posible que solo te recuerde como algo malo, no es justo. Me gustaría no odiarte, pero cuando se ama tanto a alguien es imposible no hacerlo.
Pero... vos lo haces? Me recordás? Espero que sí. Espero que por alguna razón pienses en mí, me recuerdes. Pero no de la misma forma en la que yo lo hago. No quiero que pienses en nuestras peleas, recuerda nuestros besos, como a mí me gustaría hacerlo. Disfruta de nuestros buenos recuerdos que me arrebataste. Porque así fue, me los robaste. Me robaste todo.
Robaste mis momentos de inspiración, mi tiempo, mis sonrisas, mi alegría... Mi corazón. Me dejaste sola y desecha, completamente vacía. Ahora sólo me inspiro en vos, mi tiempo lo gasto pensándote, solo me quedan las lágrimas y un pecho vacío, esperando a que me devuelvas lo que ya no es tuyo.
Con todas mis fuerzas trato de arrancar mi corazón de tus rebeldes manos. Lo apresas como si tu vida dependiera de ello, o eso es lo que me gustaría creer. La verdad es que debería sincerarme conmigo misma y admitirlo.
Aún te amo.
Mi amor sigue buscando formas de llamar tu atención. Todavía dependo de ti. Pero, tú no lo haces. Nunca lo hiciste.
Me lo has demostrado tantas veces que ya no me alcanzaría la vida para contarlas.
Debería dejar de ser egoísta conmigo misma y comenzar a llenarme sin tu ayuda. Debería dejar de esperar tu mirada cuando siempre me diste la espalda. Debería hacer tantas cosas. Pero cada vez que me miras borras todas mis reglas, descolocas todas mis leyes y lo que debería o no hacer ya no es nada. Sigo tus reglas. Lo hice durante meses.
Es hora de que varias cosas cambien porque tú no darías todo por verme una vez más, no soportarías mis insultos, mis peores momentos, no perdonarías mis infidelidades ni me darías millones de oportunidades. No como yo lo hice.
Me arrastro hacia ti, una y otra vez. Vivo todo el tiempo alrededor de una asquerosa mentira. Porque eso es lo que eres, una mentira. Finjes con tu familia, con tus amigos y con lo mejor que alguna ves tuviste, conmigo. Crees que hablando mal de mi a mis espaldas podrías ser mejor, sentirte superior pero solamente aumentaste mi odio hacia ti. Disminuiste las posibilidades de que alguien alguna vez te ame tanto como yo. Y solo quedaste como otro idiota más. Deberías madurar y disculparte. Pero no te perdonaría, ya es muy tarde.
Te perdoné demasiadas cosas, pero solo debería agradecerte por una, por dejarme. Me enseñaste que realmente, lo más importante, es el amor que se tiene hacia uno mismo y que tuyo, es muy poco. Creía que si me esforzaba podría hacer que funcione, pero primero tienes que aprender a amarte para devolverme todo lo que te di sin saber. Te agradezco por desprenderme de ti, porque sola no podría haberlo logrado. Puede que nunca te olvide, después de todo fuiste demasiado importante, pero estoy segura de que no volverás a lastimarme como lo hiciste. Ni vos ni nadie.
Espero que puedas con eso.

Es una carta que escribi con mucho sentimiento espero que les guste


Colaboración de Ailenpoblete

Argentina
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