El oso de la luna creciente

Por qué ir a buscarte,
Cómplice
en este crimen avieso,
a quién podré culpar
más que a mi vacío.
Si intento subir y subir
y todavía estoy subiendo
nunca llego.

Empinado, rocoso
con mis pies ajados
y mis manos congeladas
aún el calor de tu ilusión
arde.

No quiero ser alimento
quiero crearlo
sembrarte
hasta el fondo
quiero enredarme.

Calma
que en tu vulgar e impávida juerga,
meciéndome en tu luna creciente
podré bajar la montaña
rejuvenecida
gracias a tu perdón y a tu compasión.

Dale tiempo al tiempo,
que nunca es tarde para
recobrar nuestra verdadera forma y,

qué más da si nunca más,
qué más da si faltan piezas,
si
a través de mi único y verdadero poder
podré mirar.

Cada quien es el protagonista en su propia interpretación.


Colaboración de Cristal

Argentina
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