En la soledad de mi habitación

En la quietud de la noche el silbido del silencio surca los cielos adueñándose del espacio que suplica se le permita reposar. El sueño merodea a mí alrededor y antes de cerrar los ojos, sueño despierto el entorno, agradeciendo al TODOPODEROSO el manto protector de mi hogar. La almohada es mi compañera al exhalar un hondo suspiro de resignación y serenidad. Siento paz... una inmensa tranquilidad que me hace proyectar una sonrisa. Es tan hermoso disfrutar del momento, del instante que se vive con ¡Tanta intensidad!... cuando se está a punto de conciliar el sueño y, entonces; surge un enigma: ¿Cuántos instantes más disfrutaré al ritmo del tic tac de mi corazón?… ¿Cuántos mas disfrutaré…?

Finalmente decido recibir la oscuridad del sueño cerrando los ojos. Y el sueño se dispone a llevarme a un viaje estelar para cristalizar deseos y revivir bellos y atesorados recuerdos del lado contrario de mi lecho, donde tal vez no reposaba La Venus de Milo, pero su presencia sigue viva aunque la refulgencia de su candidez ya no irradia igual, pues el tiempo ha hecho mella en la tersura de su piel. Mas sin embargo mi querido tiempo, quiero escribirte estas líneas, quiero expresarte el puntual pábulo de esta misiva, el cual lleva un doble mensaje: el de un previo aviso para que ella no se sienta ofendida y mis disculpas de antemano para ti, ya que paradójicamente, hasta donde seguiré amándola es parte de tus dominios… ¡hasta la eternidad!

Cerré los ojos, me dormí y entonces me vi rodeado de personas llenas de amor, de pasiones que nunca habían sido amores, unas no me interesaban, otras si y, me acordé que habían unas que realmente se interesaban por mí, que me habían amado, que me amaban en silencio y que robaban todos mis sueños. Mientras que soñaba, vivía una vida nueva, un sueño que deseaba que no terminara nunca porque yo podía seguir imaginando mi futuro, suponiendo situaciones divertidas y bufas, pero mirando un cielo que algún día sería mío.

Pasada la noche con su negro manto, con vestigios vagos de sueños ambiguos, se enarbola ante mis ojos la plenitud de un nuevo día, de un diferente canto a la vida, de una nueva ilusión, de un hecho esperanzador anunciado por la aurora que con su claridad lo ilumina todo en paz y armonía, haciéndome comprender lo complejo que somos los humanos viviendo un sueño o la realidad, para unos muy corto, para otros sin fin, donde fantasía y realidad se mezclan con sencillez en acciones y palabras, muchas veces inciertas y desconocidas que dan la esencia de vida que disfrutamos cada día.

Abrí los ojos y entonces me vi... me vi a mi, viajé hasta mi niñez, cuando me sentaba para escribir cartas sin destinatario, me acordé cuando me escondía detrás de las paredes para ver a esa niña que inocentemente robaba todos mis sueños, quimeras que me hacían vivir esa vida nueva, llena de inocencia, vivir un sueño que deseaba no terminara nunca. Me acordé de cada una de las situaciones donde me había dedicado a caminar en silencio, interrumpido únicamente con el canto de los pájaros…

Y me vi en mi adolescencia, donde podía seguir imaginando mi futuro, donde a cada rato agarraba mi cuaderno y escribía para el amor, para el amor que nunca se había fijado en mí, pero mirando un cielo que algún día sería mío… y me encontré con la adultez conquistando corazones para no perder la costumbre de soñar… bueno ya soy adulto, encontré trabajo, me divertía salir, tomar, jugar, charlar, leer, y escribir que es como viajar en una nube a recorrer el mundo, con sus lugares de ensueño y misterio que rondaban en mi mente.

Conocí personas mentalmente, imaginaba situaciones divertidas y chocarreras, nunca perdí la facilidad de escribir sin preocuparme lo que esté pensado la gente de mí… Al levantarme me doy cuenta que soy un adulto mayor que todavía mira el cielo sabiendo que lo puede conquistar cuando quiera, que soy un ser humano que ha luchado y lucha por alcanzar todos los sueños, porque hay que disfrutar cada partícula del tiempo que nos dio el Creador…

Qué nos motiva a buscar lo desconocido en los sueños y llevarlos a lo posible, qué nos impulsa con tanta pasión a vivir esos sueños si no sabemos cuán larga será nuestra existencia, tal vez lo que determina la incongruencia de los sueños en torno a la razón se encuentra en los sentimientos que tenemos los humanos, que se traducen en la búsqueda de la felicidad, la cual no se encuentra en los caminos fáciles de la riqueza material que nos conducen a destinos inciertos, sino en comprender que la vida es como una gota de agua que se desvanece a través del viento, así como el tiempo desvanece a los días entre anocheceres y amaneceres, por lo que debemos siempre tener pendiente una razón para vivir y un motivo para amar y ser amado.

Si la mente de un niño es capaz de crear un mundo imaginario, pasaríamos a creer que como adultos no vale la pena soñar e imaginarse cosas maravillosas, que están ahí, en nuestra mente. Comencemos a soñar, nunca es tarde para hacerlo pero más vale empezar cuanto antes, no sea que la mente se vaya cerrando y ya no podamos soñar. Basta un poco de ánimo y voluntad para estar siempre dispuesto, ya que en la vida nada sucede como lo suponíamos, pero… ¡vale la pena!



Colaboración de Ramón Morillo

Venezuela
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