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Home Pensamientos Reflexiones Poemas Contacto Hoy te escribo a ti... mi querida hija
Porque con el paso de los días te siento más cerca de mí, viviendo el día a día más cerca de tus raíces y de tu hogar, demostrándome con tu rostro que estás madurando y con tu risa que sí disfrutas a nuestro lado. Porque tu silueta se hace más mujer y ya estás pronta a dejar de ser mi niña, que en tu mente alguien más estará por ley de la vida, llenando tu corazón de emociones y sentimientos puros, como una vez lo hice yo. Porque tu futuro siempre ha sido el mío, para que logres las metas que alguna vez me propuse yo, para tu felicidad y plenitud, y así tú sientas la calidez del logro personal y que el esfuerzo valió la pena. Porque siempre traté de estar cuando me necesitabas, que no siempre tuve el humor de escucharte, que no siempre tuve la mente despejada para entenderte; pero, mi corazón siempre te cobijó y te dio el único lugar que nadie más ha de ocupar. Porque estamos hoy más unidos que nunca lo estuvimos, ya sea por la distancia o porque no podíamos vernos ni sentirnos, hemos logrado mantener el cariño y nuestro amor fuera del alcance de la desolación, viviendo nuestras vidas unidas con el mismo fin, la unión familiar y una convivencia especial. Porque estás creciendo y haciéndote mujer, porque haz escogido el buen camino, el cual siempre es el más difícil, haciendo que el gusto de la meta final sea más dulce y duradero. Porque siempre nos hemos dicho la verdad, sin adornos ni tapujos, porque la vida suele ser cruel y despiadada cuando no estás preparado, por eso y porque nunca te he disfrazado nada, yo te siento lista para emprender el camino de la madurez que inevitablemente haz de emprender. Porque con el tiempo que hemos pasado juntos, hemos logrado entendernos y a diario haz visto que yo no mentía, que lo que tú tienes debes cuidarlo y protegerlo, para que dure mucho en tu corazón y en tu vida. Porque más que tu padre... soy tu mejor amigo.
Luego de casi 6 años de matrimonio sufrí el dolor más intenso de mi vida, el tener alejarme de mi única hija que a ese entonces tenía 4 años. Hubieron momentos que no pude estar a su lado, cobijarla, cuidarla, acariciarla y hacerla dormir; sin embargo, con el tiempo y por su propia decisión, volvió a mis brazos a los 10 años de edad. Ella eligió estar conmigo y doy gracias que así haya sido, desde entonces somos inseparables y convivimos las experiencias nuevas de su vida.
Colaboración de Dragón
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