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Ya no pienso en ti

 

Sé que voy a cambiar no mi persona,
el mundo entero.
Porque no me gusta lo que veo en él,
lo que veo en mi.

Ya no pienso en ti,
Por más que me duela,
Ya no pienso en ti,

Pienso en mi.

Cuando me enteré
que el otro día,
encontraron muerto,
de un balazo,
a mi amigo en la calle.

No pensaba en ti.

Cuando me dijeron
que la muchedumbre.
se amontonaba en manadas,
para ver el trágico espectáculo
de su cadáver ensangrentado.

No pensaba en ti.

Cuando oí los comentarios
que la gente hacía
sobre mi difunto amigo,
preguntándose sí el origen
de su muerte fue
causado por tal droga,
por este u otro mal hábito,
sin ni siquiera conocerle,
sin ni siquiera saber su nombre.

No pensaba en ti.

Cuando me comentaron,
que recogieron su cadáver,
los servicios funerarios,
mientras el policía mascaba chicle y
con la típica rutina impasible
rellenaba el correspondiente
parte de defunción.

No pensaba en ti.

Cuando escuché que a los diez minutos,
la muchedumbre allí congregada,
empezó a dispersarse,
con rumbo al trabajo y a las compras,
como el que después de asistir
a un partido de fútbol
y haber disfrutado de un buen espectáculo,
vuelve a la rutina diaria.

No pensaba en ti.


Hace hoy 33 años, nació en un pueblo pequeño un niño llamado Giesus. Su padre era obrero, aunque la verdad es que nunca llegó a conocerle. Toda la gente le llamaba el bastardo de "La Mar".

Mar era una mujer mayor, de 31 años, depresiva debido a la que su padre la violaba cuando era niña. Después de eso se fue de la casa, buscando refugio en otro hombre pero a la vez odiándoles por el dolor que sentía en su alma por su pasado. Se dio a las drogas, conoció con 34 años un hombre del que se enamoró locamente, pues conseguía darle afecto y cariño al principio.

Pasaron los meses y lo que al principio era bonito y agradable, fue cambiando a una dependencia de afecto.

Cuando ese hombre vio el poder que ejercía sobre Mar, decidió empezar a someterla físicamente y mentalmente, quitándole al principio el orgullo y la integridad, después la dignidad y por último la autoestima.

Al cabo de año y medio de relación, Mar se convirtió en la esclava de Jorge Sánchez y este la obligo a prostituirse, quitándola todo el dinero que esta profesión le generaba.

Mar que se quedó embarazada de uno de sus múltiples clientes de profesión obrera, tuvo a Jesús.

Durante el periodo de lactancia Mar decidió ponerle un biberón al niño con vino tinto de La Rioja antes de dormirlo, por miedo a que su chulo le quitara a su hijo o incluso llegara a asesinarlo, porqué los lloros de Giesus reclamando la leche materna, reclamando la comida, molestaba e incomodaba a la clientela de Mar.

Con el paso del tiempo, Giesus creció. A los 6 años empezó a fumar tabaco en el colegio, mientras se hacía el adulto con la gente de 8º de E.G.B. Faltaba a clase diariamente y hacía travesuras de las gordas, como el día que abrieron la alcantarilla en la calle y esperaban ver como el resto de la gente se hacían brechas y heridas al caerse en ellas.

Digamos que ya no pienso en ti.

Sus amigos mayores le tomaron o mejor dicho adoptaron como mascota del grupo, y admitieron en la pandilla por su inocencia y facilidad de obediencia.

La primera novatada de la larga serie de cincuenta, fue desnudarle y humillarle físicamente con comentarios sobre su escasa virilidad, su escasa hombría y psicológicamente, confiando en el grupo, depositando en ellos la confianza y recibiendo a cambio la ingratitud.

Ya no pienso en ti.

A la edad de 10 años, después de haber probado el costo, el éxtasis, la cocaína, las setas mágicas y después de haber probado esnifar pegamento decidió recorrer mundo. Para ganar dinero le hubiera gustado ser pastor de ovejas pero el destino nuevamente le guardo una mala pasada, le cayó en gracia a un adinerado doctor de medicina, jefe de planta de un hospital público, catedrático de medicina y político que había jurado el código de honor tanto de los médicos como el de la educación y el del congreso de los diputados.

Antonio Martínez, casado con una directora de una revista del corazón muy conocida, era padre de dos niños de 12 y 10 años y una niña de 3.

Este hombre tenía una obsesión en su cabeza, hijo de un teniente que colaboró con el Tercer Reich, fue educado en una estricta disciplina de respeto y obediencia a la jerarquía de mando. Le enseñaron desde pequeño a que lo que más vale en este mundo es tener el poder, ser el mejor, acumular mucha riqueza y sobre todo a mirar con indiferencia y por encima del hombro a los débiles, porque ellos son una raza inferior, casi animal que solo sirve para ser utilizada en servicio de la gente iluminada con el poder.

Antonio vivió sin saber durante mucho tiempo que era homosexual, tanto que hasta se había casado y ya había tenido hijos. Cuando se dio cuenta de su verdadera identidad sexual le entró pánico por no encajar en un mundo heterosexual, en un sistema mixto.

Por miedo al ¿qué dirán?, Decidió esconder su verdadera identidad bajo la apariencia de una persona "normal", y para cubrir sus inclinaciones sexuales empezó a frecuentar, a escondidas, sitios donde encontrar compañía masculina. Sabiendo que la gente empieza a tener conciencia de independencia a los 18 años, y que son cuando los valores empiezan a edificarse en un joven, se decidió por encontrar carne fresca que no cuestione, que no pregunte, que se someta dócilmente a sus deseos sexuales.

Este paraíso infantil lo encontró en los billares del barrio, donde centenas de jóvenes pasaban las horas muertas en horario de colegio, evadiéndose de la rutina que les representaba el día a día sentados enfrente de un pupitre, mirando continuamente el reloj, mientras un señor calvo con gafas, sentado en una silla, leía desmotivado en voz alta un texto anticuado de los presocráticos.

Estos jóvenes encontraban más emocionante charlar en los billares sobre los resultados del fútbol del domingo, sobre lo guapas que están las chicas de la universidad de derecho y otros importantes y fundamentales conversaciones de un adolescente.

Un día Antonio conoció a Giesus en los billares, a través de un conocido de ambos, y sintió un flechazo en el primer momento que se cruzaron las miradas y pudo contemplar Antonio la cara angelical e inocente de Giesus.

Por aquel tiempo, Giesus necesitaba dinero para sobrevivir, robaba alimentos en supermercados y dormía debajo de un puente, acurrucado por cartones que recogía de diferentes comercios.

Digamos que no pienso en ti.

Un día le pillaron robando una tableta de chocolate y le arrestaron y pasó dos meses en un reformatorio público, hasta que logró escapar después de la noche en la que su cuidador penitenciario le violase en los baños.

Así que empezó a frecuentar las salidas con Antonio, hasta tal punto que este alquiló un apartamento para pasar las noches con él y para tener más intimidad y más espacio para los juegos salvajes que realizaban, cuartos oscuros o en penumbra, muebles obscenos, cadenas en las habitaciones, látex esparcidos en diferentes formas fálicas por todas partes, máscaras de verdugos negras, máscaras de verdugo blanca...

Giesus aprendió a obedecer, a someterse, no gratuitamente sino a cambio de dinero, de comida, de alojamiento, de cobijo, de alguna especie de afecto.

Sabía que estaba siendo utilizado pero él también aprendió del sistema a manipular para sobrevivir.

A los seis meses de la relación con Antonio, a este le empezó a aburrir la compañía de Giesus y un día decidió terminar la relación y echarlo del piso en presencia de su nueva adquisición, un africano de guinea ecuatorial, en los huesos, que parecía que no había comido en meses.

Giesus solo tuvo tiempo de coger su bien más preciado, su guitarra, una guitarra española roída por los costados, con tan solo tres cuerdas pero que fue el único testamento que le dejo su madre al morir.

Oyó que en la casa de campo de Madrid había un gran negocio como chapero, dinero fácil pensó y puso rumbo hacia allí.

Paró a un camionero, curiosamente era del laboratorio GLUCON, el mismo laboratorio que les invitó a Antonio y a él a un viaje a Cuba, una semana con el todo incluido, inclusive las drogas y la compañía para las orgías que celebraban hasta altas horas con sus colegas de medicina.

También curiosamente recordaba el GLUCON, porque fue el mismo medicamento que le recetaron a su madre para el tratamiento de las anemias por falta de glucosa en la sangre.

Mar estuvo tomando estas pastillas durante 12 años y nunca mejoró de sus anemias. Todavía Giesus recordaba cuando entró en una farmacia a por esas pastillas para su madre y vio a una señora mayor que se iba de viaje como misionera con las medicinas correspondientes a las diferentes dolencias típicas de la edad y que el doctor tan sabiamente le había recetado.

Giesus es ese momento y en ese día tuvo un momento de lucidez y recordó que la mejor medicina es la que emana del propio cuerpo, sin sustancias artificiales, sin extraños colorantes ni edulcorantes.

Se le ocurrió preguntar al farmacéutico por alguna fórmula basada en glucosa que fuera homeopática, el farmacéutico con cara de extrañeza, le comentó a Giesus que eso ya no se fabricaba en las farmacias, que ahora vienen todas las medicinas de los laboratorios.

Así que Giesus decidió irse sin comprar nada a su casa. Después de pensar sobre esto, decidió hacer algo especial a su madre, por aquel entonces casi en coma, postrada todo el día en la cama, sin energía, cansada, aburrida de la vida que le había tocado vivir.

Se fue a la cocina y con todo su amor cocinó un postre delicioso, presentado con mucho detalle, añadiéndole adornos. A la madre le entró el postre por los ojos y al probar la primera cucharada, despertó de su largo aletargo emocional llena de vitalidad y de energía, como aquel que ha estado esperando durante toda una vida ver algún significado en el sufrimiento diario, le dio tiempo a Mar a coger la mano de Giesus y decirle "TE AMO".

Murió Mar aquel día con una sonrisa en la cara, feliz, por alguna extraña razón que Giesus no llegaba a entender. Cómo podía estar feliz por morir, es que había perdido el juicio, se había vuelto loca, porque Mar estaba muerta, la había visto morir, ¿O no?

Ya no estoy pensando en ti.

Giesus una vez en Madrid, se bajó del camión, no sin antes realizar una felación al conductor a cambio de la gratuidad en el viaje,

El pobre camionero llevaba viajando dos semanas fuera de su casa y el muy romántico echaba de menos a su familia. Que pobre infeliz, pensó Giesus y terminado el trabajillo se bajó en el paseo de la Castellana en Madrid, más concretamente en el Ministerio de Defensa, justo un minuto antes de que pasara el coche oficial del presidente del Gobierno español escoltado por cien personas, dirigiéndose al interior del recinto.

Ahí pensó Giesus, un pobre ignorante, sin estudios universitarios casi analfabeto, que el sistema político no debe ser correcto, no debe ser justo, con independencia de los colores o de los extremos, este adolescente de 17 años, sintió que algo estaba mal en el engranaje del sistema, pero no entendía que, aparentemente, a las gente le iba bien, era a él solo el que no le encajaba.

Supongo que ya no pienso en ti.

Analizó sus pensamientos de una manera lógica, como le había enseñado su madre María, "al pan pan y al vino vino", "ojos que no ven corazón que no siente" y "para abrir la mente necesitas primero abrir tu corazón".

Encontró irracional, que el Ministerio de Defensa, concebido para defender un pueblo se defendiera ocultándose entre el resto de edificios civiles.

Encontró irracional que el Presidente del Gobierno, elegido por el pueblo necesitase tanta escolta para defenderse del pueblo.

Fué entonces cuando decidió girar la cabeza, decidió no verlo, decidió cruzar de acera y se detuvo delante del semáforo, esperando que se pusiera en verde, esperando que le dieran permiso para cruzar la calle. Fue en el mismo momento en el que falló el sistema de señalización, falló el semáforo, a Giesus le dio tiempo a gritar, intentando avisar y llamar la atención a aquella señora mayor que a pasos de tortuga cruzaba la calle, mientras un Porsche 911, matrícula europea, seguía su camino por el paseo de la castellana a 120 km/h.

Es curioso que estos coches cuanto más cilindrada, más potencia tienen y sean más caros de comprar.

Supongo que ya no pienso en ti.

Esta señora murió hoy hace 15 años y 364 noches. Justamente anoche hizo el aniversario de su muerte. Su familia aún lo recuerda.

Un vendedor de seguros de 33 años llamado Giesus también. Es por eso que se encontraba bebiendo a su salud en ese local en los bajos de Orense, al que acudía de vez en cuando buscando alguna respuesta y algún sentido a la vida que le había tocado vivir.

Su momento de felicidad le llegó cuando salía de ese local. Su sonrisa al mundo la puso después de que un grupo de fanáticos cabezas rapadas sedientos de sangre le dieran una paliza que lo mandaron al otro mundo.

Esa sonrisa la puso después de que su alma encontrara a su madre Mar radiante de blanco, con unas alas en la espalda y llena de paz y de amor.

Giesus esto va por ti. Descansa en paz.

Pero concluyendo amigo, digamos que ya no pienso en ti, eso será otra historia.

 

Este es el primero de una serie de relatos sobre la paz, el amor y el espiritu que estoy escribiendo.

Agradezco comentarios sobre el y criticas constructivas.

Fué escrito durante mi estancia en Galway (Irlanda) el pasado mes de Octubre de 2003.

Agradezco el apoyo y la revisión por mis amigos Carolina, Mónica, Aida, Andrea y Theresa así como a mi familia por haberme dado todo el amor que siento.

Colaboración de Alex
España

 

 


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