Dos estrellas en la eternidad
Dos estrellas en la eternidad

 

Querido Luis:

Tan valiente es aquel que se enfrenta a las batallas de la vida como también quien se arriesga a platicar con un extraño. Una vez conocí a un chico con mirada al cielo como quien persigue sus sueños, con lentes negras. Al paso del tiempo fui yo quien miraba a la muchedumbre buscando su cara, se había ido y sólo había dejado una mirada. No fue un chico cualquiera, fueron palabras, fueros miradas, fue la distancia o tal vez el tiempo lo que me hacía imaginar su cuerpo.

Un golpe de suerte me llevo a él y es que quería a otro conocer, fue la piedra con la que tienes que tropezar para caer y comprobar lo lindo que en el suelo es estar. El mundo giraba y ni se imaginaba que fueron dos mentes las que se comunicaban.

Yo sólo quería ser comprendida, temía escribir lo que sentía, a él le gustaban mis palabras, comprenderme quería. Fue entonces que en mis noches de insomnio ya no estaba sola, tenía una buena compañía, el caballero incansable de batallas con el destino, de armadura bordada de delirios y sueños llenos de realidad.

Una imagen mía quería, pero darle yo una imagen no quería. Detrás de las letras me escondía, bajo la lluvia o detrás de la luna, a las imágenes las juzgamos todos, a las mentes las admiramos.

Sin imágenes he construido un castillo en el aire hecho de sueños y en cada ventana tiene grabada la amistad que existe entre los dos.

El viento, mensajero y fiel compañero, me acompaña, lo acompaña, nos une cada vez más. Ambos estrellas, una en el cielo la otra en el mar, ¿Cómo se podrían juntar? ¡Sopla estrella! El viento te ayudará y sé que te veré en la eternidad.

 

Me hubiera gustado conocerte en otro tiempo y en otro espacio.

Colaboración de Yami
México

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