Papá lloraba
Papá lloraba

 

Fue una mañana de tantas. La ilusión de los santos reyes iba quedando atrás a pesar de mi entonces corta existencia. Aquel señor de rostro serio y carácter dulce me dijo que no perdiera la esperanza. Sin duda llegarían esta vez. Eran ya muchos años de esperarlos en vano. Sólo supe de una situación familiar difícil.

Un hermano mayor fue sorprendido fisgoneando a dos señoras que se bañaban en el río, razón por la que fue llevado a la delegación municipal. Papá fue por él. Volvieron juntos. Mi hermano feliz, papá triste. Yo me dormí contento. No tenía zapatos, mucho menos arbolito, pero sabía que mi regalo iba a estar en algún lugar de mi cabaña.

Al día siguiente desperté muy temprano. Busqué por todos lados y no vi
mi regalo por ningún rincón. Me acosté otra vez. Entonces vi a papá acercarse a mi cama. ¡Sí! ¡Papá lloraba! tomó su sombrero, se acercó llorando me fingí dormido, me besó con miedo, cuando abrí mis ojos, él había partido. Triste trabajaba con el sol ardiente derribando abrojos, el sudor mojaba su arrugada frente y sus marchitos ojos.

El sol se ocultaba se moría la tarde regresó cantando mirarme evitaba, pues quería ocultarme que estuvo llorando. En silencio me dije: ¿Que tiene papito? ¡Si mamá lo adora, yo lo quiero tanto!, aunque estoy chiquito, he visto que llora, ¡me duele su llanto!

 

Colaboración de Huichol tarasco
México

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