Madre
Madre

 

Te miro, madre querida, y vuelven a mi mente tantos recuerdos... recuerdos de un ayer que perdura en mi alma... Ayer cuando tus manos, rebosantes de juventud me acariciaban, me protegían... Aquel amor que daba seguridad a mi inocente corazón, que con toda seguridad buscaba tu amparo, cálido y sincero. Te miro y me reflejo en esa mirada, busco tus ojos, los mismos de siempre, aquella mirada profunda y pícara, tus manos, manos luchadoras y fuertes, manos que nunca dejaron de trabajar, de consolar, de sostener...

Te he visto madre mía, llevar con tanta entereza el dolor que la vida te ha dejado, al llevarse de tu lado a tu compañero de toda la vida y a tantos otros seres queridos, que se fueron de este mundo, dejando en tu alma una tristeza profunda, que no se cura con el tiempo... Hoy, que los años han pasado, siento la nostalgia de aquellos días, cuando sólo saberte cerca me hacía feliz, y como una niña lejana quisiera volver acurrucarme en tus brazos, madre mía...

Necesito tu calor, aquel que ahuyenta los fantasmas de mi mente, aún necesito oír tu voz en mis oídos, acariciando mi interior con tus palabras sabias... Mamita mía, gracias por todo lo que me has dado, por tantas horas de dedicación, por el amor incalculable que anida en mi ser, fruto de tus sacrificios y esfuerzos... Gracias por haber hecho de mí, esta mujer, que tal vez no sea todo lo que soñaste para mí, pero que heredó de ti las garras y las ganas de luchar por mis ideales hasta el fin.

Madre... Sinónimo de verdadero de amor, dame tu paz y vuelve a sentir como antaño este sentimiento que brota de mi alma, este gran amor que siento por Ti, más allá de los años, de lo bueno y lo malo, más allá de mi propia vida, de nuestra historia...
¡Te amo...! Por siempre, Madre mía.



Graciela.

 

Colaboración de Graciela
Argentina

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