Hoy
Hoy

 

Siempre he sabido el daño que le causé, tal vez por mi inmadurez, tal vez por su frialdad, la cual se disipó el día que decidí alejarme. Hoy, sin que se dé cuenta, veo cómo avanza su vida, tratando de recuperar lo que quedó de ella y saliendo del abismo profundo al que decidió lanzarse con mi decisión.

Y sí, soy totalmente responsable de haberlo impulsado a escoger las peores soluciones a sus problemas, dejándolo solo cuando más frágil se encontraba, cuando estaba vulnerable ante una vida decadente.

Razón tiene al odiarme, al no querer saber de mí, al defender su teoría de que nunca existí. Pues los que dijo que habían sido los mejores momentos de su vida, hoy flotan en la penumbra como garras de recuerdos, que, si lo alcanzan, lo harán prisionero en una tormenta del pasado.

No busco excusas para mi actuación desalmada, porque sé que tuve en mis manos el poder para salvarle y no lo hice, ni mucho menos intento sanar su sofocante alma marchita porque esa luz que yo apagué se fue tornando intermitente con el paso de los días, los meses, los años ya. Y hoy brilla nuevamente, brillan sus ojos por una nueva ilusión, brilla su vida al ver cómo paso a paso va logrando sus cometidos y yo soy feliz así, podría decir incluso que amo verlo feliz lejos de mí.

Siempre tuve claro cuándo había sido mi despedida, pero dudaba por obvias razones, de la de él. Hoy me doy cuenta de que ese día hizo parte de su vida, desde hace mucho tiempo y eso, indiscutiblemente, ilumina la parte de mi vida que estaba bajo la sombra de ese cruel resultado que yo fomenté, porque él al fin encontró la llave para cerrar esa puerta, aunque la haya encontrado en la peor de sus pesadillas.

 

Colaboración de Jeaberu
Colombia

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