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Hipérbole

 

Yo caminaba es un estado de arrebato estelar, cerca de un destino anhelado.

La vereda que seguía me llevaba a lo profundo del umbroso y misterioso bosque. Sendero insinuante de prodigiosas certezas, cada paso me llevaba a la comprobación de un camino andado en premoniciones.

Esta comprobación de mi destino inundaba mis sentidos que exaltaban mis más profundas emociones.

De pronto en un recodo de una belleza singular, bajo de un árbol desconocido y milenario, de aluvionales hojas, irisadas de un arrebol de instantes cadenciosos; entre rayos difusos de una luz intermitente que saltaban de una oquedad a otra, apareció la figura imponente de un antiguo místico, con una vestidura talar, confeccionada en un tejido, basto y primitivo de singular belleza.

Una voz profunda y cavernosa, pronuncia los cabalísticos misterios de un antiguo arcano.

El mensaje en palabras insinuantes, volaban con los extraños acentos de una lengua desconocida, pero que inexplicablemente mi mente, entendía en un mensaje claro e inequívoco. “Mortal, has llegado aquí después de innumerables agonías, sueños y afirmaciones, pero antes de dar ese próximo paso, tengo que advertirte, sé que es tu determinación seguir adelante, pero una vez impresa tu huella, estigma indeleble en el camino, no habrá retroceso posible.

Todo el conocimiento del mundo te será concedido, ya no tendrás que ocuparte de aprender sobre lo que no conoces, ni comprender nada, ni de lo mucho ni de lo poco en todo el universo, todo el poder te será otorgado, aun el poder sobre la muerte.

Este es el destino que quieres para ti, este es el punto final de una ambición, has llegado al final, el vellocino de oro esta frente a ti.

Nada te será ajeno, podrás ver en el futuro, quizás puedas comprender mejor tu pasado y será posible tu perfección absoluta en el presente.”

Me quedé asombrado al oír tan elocuente y clara concesión.

El sueño de toda una vida se presentaba como colofón.

Me contuve, las reflexiones de un millón de pensamientos me hicieron detenerme en el centro de mi cavilación. La incertidumbre, la angustia y el enigma de sentirme aun en ese instante un misterio de la creación.

Pensar que el dilema consistía en solo tratar de ser humano, saber que tendría que renunciar a la búsqueda de la perfección, renunciar a involucrarme en la belleza de todas las cosas de este mundo, sentir que puedo vivir con mis limitaciones, todo esto me hizo comprender que ese no era mi verdadero sueño.

Que la ambición era seguir soñando. Que los sueños sean pasos.

No dije nada, solo me cerré a la posibilidad de no poder seguir viviendo en armonía con Dios y la naturaleza.

Di media vuelta recogí mis huellas, y empecé a desandar la misteriosa senda. No sin antes recoger algunas ruidosas protestas del camino, mi otro yo, mi conciencia.... Johan Wolfang Goethe, quizás una de las mentes mas esclarecidas que ha producido la humanidad pondría un mejor punto final a esta reflexión: “No basta dar pasos que algún día puedan llevar a la meta; sino que cada paso debe ser meta sin dejar de ser paso”.

Colaboración de Domingo Chacón
Venezuela

 

 


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