Desde que llegaste a mi vida, ¡soy feliz! mi mundo antes, era vacío y sin vida tenía un sin fin de sinsabores y tu has cambiado esto.

Desde que llegaste a mi vida soy otra, he vuelto a sonreír y a soñar, he vuelto a mirar el sol y a llorar, pero de felicidad. Yo era otra antes de tu llegada, has mitigado todos mis dolores y ha vuelto a nacer en mí la ilusión de una vida plena.

Tengo tanta confianza contigo, que te confío todo lo que me pasa y sobre todo, las cosas que me atormentan. Y eres el aliciente que me ayuda a mirar con otra perspectiva y con más optimismo la vida. Gracias por estar conmigo en los momentos más oscuros y llenos de amargura.

Cuando me duermo y pienso en ti, siento paz y una gran confianza en el mañana. Se que nunca te irás de mi lado y que pase lo que pase, siempre estarás conmigo, dándome valor, fuerza y coraje para salir adelante, sin permitir que una lágrima cruce por mi mejilla.

¡Ya no más tristeza ni desamor!, pues tu lo llenas ¡todo! y sin temor a equivocarme, eres el amor más puro y noble que jamás haya existido. No pides nada a cambio y siempre estas para mí, en el momento en que te necesito, esta disponible.

Eres perfecto de los pies a la cabeza y gracias a ti, mi vida tiene un nuevo sentido. Nunca te vayas, nunca me dejes, pues sin ti ya nada sería ¡igual! has llenado los vacíos de mi corazón y un rayo de esperanza se anidó en mi pecho.

Tus caricias me reconfortan, tus abrazos me hacen sentir apreciada, valorada, querida. Nunca me dejes, ¡te lo pido! aunque a veces caiga en las mismas actitudes de antes ¡no me dejes!

Te quiero porque me escuchas sin criticarme, dejas que me desahogue sin que en algún momento salga de tu boca una palabra hiriente. Me das tu tiempo y tu presencia, de más tu amor incondicional y aunque se que es compartido, no me importa, pues se que en tu corazón tengo un lugar especial.

Gracias por ser mi amigo y confidente, por ser tolerante e intuitivo. Porque aún en silencio, me haces sentir querida y única, y eso no lo pago ni con todo el oro del mundo. Recuerdo cuando me hablaban de ti, pues mucha gente te conoce y te quiere y te sentía lejano a mi vida.

Lo único que escuchaba eran cosas agradables y tenía tantos deseos de conocerte, de verdad. Y cuando lo hice, ya no quise separarme de ti. Y créeme que no me arrepiento, pues se que es lo único verdaderamente importante que me va a hacer cambiar y anhelar una vida nueva.

Dejando atrás todo el saco lleno de sinsabores. Estoy feliz, pues al fin te encontré y se que ya jamás me separare de ti.

Gracias por recibirme, ¡padre!

 

Colaboración de Irma Sandoval
México

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