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Home Pensamientos Reflexiones Poemas Contacto Hombre o solo un sapo
No es más que un sapo Cuando colgamos me puse a leer las instrucciones bastaba con alimentar al bicho asqueroso cada media hora exactamente, durante 24 horas exactas, día y noche, sin retrasarse ni un minuto, ni saltarse una comida porque de lo contrario, el hechizo no se rompería y el sapo seguiría siendo un asqueroso pinche sapo. ¡Pero esperense!... que voy leyendo el manual y decía “Aclaración:
los sapos encantados se alimentan de amor, cada media hora exacta, debes
decirle a tu sapito palabras cariñosas, piropos, hacerle sentir
que no es un sapo, sino un príncipe, para que efectivamente, se
convierta en uno”. ¡Yo dije no!... ¿Qué clase es esta? Pero bueno pues
a falta de que hacer lo hice, total pinche sapo a lo mejor sí necesitaba
amor, miré el reloj que marcaba exactamente las 8:15 de la noche,
así que tomé al sapo entre mis manos, y nada mas de verle
esos pinches ojos tan feos no supe de donde agarre inspiración
y empecé: -Me sentí tan mensa pero de repente una luz dorada se desprendió del animalejo, tan intensa que me deslumbró y hasta creí escuchar el sonido lejano de campanas. A la madre fue mi única expresión pero al momento de verlo, el bicho seguía entre mis manos, un sapo común y corriente, frío y resbaladizo. Pensé que quizás me estaba volviendo loca así que a las 8:45 volví a tomarlo entre mis manos y le dije: -"Eres un príncipe, el más hermoso de todos, te amo". La luz dorada fue ahora más intensa que antes, el sonido de campanas pareció envolverme. No se que me pasaba haciendo eso pero todo el pinche día, cada media hora, estuve diciéndole al sapo las cosas más hermosas que, salían de mi cabeza. Le hice poesías, le canté canciones, le dije que lo amaba y lo hermoso que era, y cada vez la luz dorada era más y más resplandeciente, el sonido de campanas era más intenso. Prefería no comer y no ir al baño con tal de seguir con el proceso del pinche sapo feo. Todo ese día estuve dedicada a mi sapo. Al día siguiente, estaba tan cansada que yo creo que me drogó tanto sueño y besé al pinche sapo en el hocico (si ya sé ¡que asco!) nunca hubiera hecho eso, me quede dormida y cuando me desperté un hombre acostado al lado mío en mi cama! Me quedé impactada o sea el viejo estaba de no m....! Buenisisisismo Así desnudito como que listo para comérselo. El volteo
a verme y me ¿Cuánto me amas? me preguntaba y yo le respondía
-"¡Mucho, mucho, mucho!". Le compré a mi príncipe ropa, porque no tenía y no podía andar desnudo por todos lados, aunque yo era feliz contemplándolo así, pero no les iba a dar la dicha a las demás viejas en la calle. Un día, mientras yo aseaba la casa y lavaba su ropa, tomó
mi carro Pero bueno no se que tan endiosada me tenía que no le di importancia, (esas noches...) Claro que el era creidísimo y no paraba de decirme: "Eres
afortunada Después de haber trabajado toooodo el día, y encontrar al tipo viendo la televisión, con su vaso de cognac en la mano. Me ví en el espejo: mi mirada estaba apagada, mi cabello, necesitaba con urgencia un buen corte, mis manos ásperas, mi ropa... ¡hacía tanto que no me compraba ropa nueva! Para que el cabrón se diera sus lujos y encime dijera: "los
príncipes no "Fui a buscar lo que no tengo en casa, porque tú ya no me amas, ya no me atiendes, no te arreglas para mí, ya no haces nada por mí y si no haces nada por mí, me iré, te dejaré, y si me voy, te morirás de tristeza sin mí, porque tú no quieres perderme, soy un príncipe. ¡Soy lo mejor que has tenido en tu vida!". Yo estaba "encabronadísisma", y "encabronadísima es poco". Agarré el manual de instrucciones y en la última página, con letras tan pequeñas como pulgas, pude leer: "Para deshacer el hechizo, basta con recordarle al príncipe que es un sapo", basta recordar que tú eres real, basta con recuperar la fe en ti misma y en tu propia fuerza, basta entender que no necesitas príncipes para ser feliz. Bajé corriendo las escaleras y me planté delante de mi príncipe, el que de repente, ya no me parecía tan hermoso, ni tan perfecto: "¡Eres un pinche y jodido sapo sapo!" -Le dije. "¡No!" el wey me gritó furioso. -"¡Soy un príncipe, soy lo mejor de tu vida tú me amas, me necesitas!" "¡Eres un pinche sapo que da asco!" -Le grité de nuevo. -"¡No!". Dijo ahora, pero en su voz se notaba la inseguridad. -"¡Tú me amas! ¡No puedes perderme!" . Me empecé a cagar de la risa y sorprendido preguntó del porque me reía y le contesté: "eres un estúpido sapo hueco, quien va a necesitar semejante animal tan asqueroso como tu, bla, bla , bla". Y entre mas le gritaba cosas que bajaran su autoestima más chiquito
NO traten al hombre como un príncipe, si no es mas que "¡UN SIMPLE PINCHE SAPO FEO!"... ¡FEO!...
Colaboración de Yanira
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