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La muerte convertida en agonía

 

Hoy como ayer se que tu amor llegó para quedarse. Al finalizar el verano conocí el significado preciso de que es el verdadero amor, ya que cuando estuve a tu lado mis manos temblaban, mi corazón se agitaba, sentía como recorría la sangre por mis venas.

Cuando la brisa de la llegada del invierno tocaba mi rostro y con el daba la bienvenida al mas hermoso sentimiento que era tan puro como el alma humana, tan frágil como un cristal, hermoso como un atardecer.

La lluvia avisaba de las lágrimas que derramaría los celos presentes, como una letal mordedura de serpiente.

Poco a poco mi corazón dejaba de latir, mis manos sin esperanza quedaron y mi sangre despacio recorría mis venas como si hubiera quedado congelada, como si el veneno de la serpiente hubiera logrado adentrarse en todos mis sentidos hasta hacerme perder la razón.

En el viento, pequeñas voces susurraron que el final llegaría, mas quise luchar hasta el final.

Fue indudablemente una muerte lenta, cuando al fin creí caer y así poder en paz estar. Hubo una mano que me ayudó a amortiguar la caída y ayudar a mi corazón sanar.

Y aunque la sangre jamás volvió a recorrer con la misma intensidad por mis venas, el corazón si volvió a reconstruirse, aunque mas débil y frágil, pero dispuesto a seguir latiendo, aunque no con el mismo ritmo.

Llegó el momento en que las serpientes y la desesperación al fin dijeron adiós, pero la sangre y la intuición estaban alertas. Como cuando un pequeño ratón quiere su queso, pero siente la mirada penetrante del gato.

Sabe que no puede fallar y por lo tanto hace con cuidado el recorrido para no morir en el intento y si debe regresar una, dos, tres veces no importa por que el sacrificio se hizo.

Pero si definitivamente no se puede, prefiero dárselo a comer al gato a volver a sentir la agonía lenta de una muerte.

Porque no se si esta mano va a volver a estar ahí para levantarme, aunque el sentimiento de no haberlo podido conseguir quedará para siempre en mi, como una cicatriz imborrable, que cada día al voltear a verla me daré cuenta que nunca se borrará, ni mucho menos se me olvidará que esta ahí.

 

Colaboración de Daniela Sol
México

 

 


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