Yo soy torero... de mi propia vida.
A veces en la arena
muleteando mi pena
ha nacido la herida
rubricando el fulgor de la corrida.
A veces abstraído en el toreo
he abierto los brazos en el ruedo
llevando entre mis manos el trofeo,
sintiendo inexplicable mi denuedo
ante el burdel que despaché con miedo.
Así alterna la liturgia taurina
los atardeceres de cada lidia.
Así brilla la sorpresa divina
con el triunfo. Y también se asesina
el alma, cuando empitona la envidia.
La última tarde que miré al tendido,
con ilusión brindaba mi faena
a tu amistad que siempre fue tan buena.
Después de un ¡Olé! Y otro ¡Olé!... aturdido
me prendió sin querer el bruto "olvido".
La herida fue de doble trayectoria:
la una, enrojeció el traje de luces
con que suelo torear mi propia historia.
La otra, fue el dolor de tu memoria
que hundí en las sombras al caer de bruces.
Hoy toca el turno a la enfermería.
En el delirio de un quite maestro
sueño ser el diestro
que te brinde un día
un mano a mano de rebolería.
Quizá entonces tenga buena suerte,
y vuelvan las tardes de filigrana
a escuchar la diana,
y en el gozo de verte
hallé valor
para torear mi MUERTE.
Autor: Jesús Covarrubias Vázquez
Colaboración de Miriam
México