Mantengo viva la llama.
Mantengo tranquilo el ambiente y respiro soledad.
Discuto ferozmente con mi susceptibilidad y le doy un nuevo enfoque al concepto de malicia.
El llanto se desborda y reclama al morbo que sea constante en su intento de seducirme.
La vida sin pasión no es vida. La pasión sin entrega no es pasión. La entrega sin instintos no es entrega y la bendita lujuria no es nada sin las anteriores.
Degluto mis palabras y las como de nuevo. Me dan mucho asco. La mierda siempre da asco, en especial cuando eres tú quien la escribe.
¿Por qué demonios tengo que escribir así? ¿Dónde quedó mi redacción y capacidad? Yo era buena para la narrativa, fui buena cuentista…
Tenía…era…fui…quería… ¿En qué momento morí? ¿En qué momento me perdí?
Necesito un lápiz, una hoja y un poco de cordura. Suplico por un árbol, un triste puente e incienso. Busco desesperada la luna y rompo un vaso. Otro más.
Los vasos no tienen importancia ya. Los besos tampoco.
La búsqueda, la espera, la expectativa, la discusión, la distancia…la tranquilidad.
Me despido, siendo yo quien se disculpa en esta ocasión por quitarte tu tiempo y obligarte a leer algo que sinceramente no valió la pena.
Colaboración de Brenda Orozco
México
