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Un retazo de una vida "la mía"

 

Me contaron siempre que nací un día diez y seis de noviembre del setenta y cuatro, yo no recuerdo nada, puedo casi imaginarlo, de tantas veces escuché a mi madre como fue su parto... Pero lo cierto es que soy muy curiosa y me da rabia no poder retener los instantes de mi vida, desde el mismo instante en que me concibieron, sería precioso saber si fui fruto de una noche romántica, de una reconciliación... Después de una pequeña discusión, o de una noche de pasión…

Lo cierto es que aquí estoy… Nunca llegaría a ser nadie especial, no pintaría los girasoles de Velásquez, ni compondría la 5ª sinfonía, no descubriría la penicilina, ni jamás merecería el premio Novel de la Paz… Fui la tercera niña… Estoy segura que mis padres se llevaron ¡un chasco al descubrirlo!, el varón, llegado a ese punto tenía que ser muy deseado… Pero siendo madre como soy, estoy segura que enseguida logré conquistar el corazón de mis padres y hermanos…

Crecí en un ambiente familiar supongo que normal, la verdad que mi memoria no es capaz de llegar ni a los cuatro años… No sé bien donde empieza… Pero si sé que jamás tuve caprichos materiales… Creo que siempre todo lo que tuve fue de segunda o tercera mano, no estrené vestido de comunión, ni de novia… Ni recuerdo haber tenido los juguetes de moda de mi época…

Nunca fuimos de vacaciones más allá del pueblo de mi padre o éste, donde ahora vivo… Nunca me he planteado si mis recuerdos serían más bonitos si hubiéramos podido hacer viajes a la playa, lo cierto es que si lo pienso, ¡fui tan feliz en el pueblo!… Mi abuela tan pequeñita, siempre de luto, siempre con su moño que a veces deshacía, le llegaba el pelo a la cintura, blanco amarillento… Y yo, intentaba hacer su trenza…

Creo que los recuerdos más bonitos de mi niñez, son allí, me sentía tan querida… Mi abuela gritaba al vernos llegar, muchas veces íbamos sin avisar, mis padres me dejaban allí sola o con mi hermano, y ellos se volvían a Ciudad Rodrigo… No me daba pena ninguna, éramos los reyes con ella, jugaba con nosotros, nos tenía llena la cocina siempre de yogures de chocolate, pipas y nos hacía la comida favorita…

Dormía abrazada a ella, en la alcoba no había cuarto de baño, ni puertas, ni televisor… le contaba todo, y a ella todo le interesaba… Si le decía que mi madre me reñía o ella lo presenciaba sacaba las garras” yo era intocable…” A pesar de ser una niña muy extrovertida, alegre, cantarina, cariñosa… Ya desde niña creo que sufría mucho, me llevaba mal con mi hermana Esther, la anterior a mí, no sé si eran celos, lo lógico hubiera sido tenerlos de mi hermano pequeño, pero de él jamás los tuve, ni peleé con él. Mi hermana era como la rival… Siempre creí que mi madre la admiraba a ella, que era muy lista, tenía mucha personalidad, a pesar de que mi hermana siempre ha caído mal a la familia por su pronto y fuerte carácter… Pero yo me fijaba solo en mi madre… Con mi madre También choqué siempre…Y no por culpa de ella, quizás, siempre quise ser libre, nunca me gustaron las normas…

Aún casi sabiendo que ella tenía razón y que me saldrían mal las cosas… Yo, quería intentarlo y comprobarlo, no me daba miedo fracasar, y así más o menos fue pasando mi infancia hasta que llegó ese día horrible, en que siendo niña… Lloraría con lágrimas de mujer… Y descubriría por primera vez lo injusta y cruel que es la vida…

Un día en que te levantas normal… Vas al colegio, comes felizmente con tus hermanos… Y esperas ansiosa a que tu padre se levante de la siesta, cuando estaba él ¡era perfecto todo!, salíamos de paseo, me ayudaba hacer los deberes, nos tumbábamos en el sofá, disfrutábamos hasta viéndole comer cuando llegaba tarde del trabajo y comía él solo… Él entraba siempre dando palmas, o moviendo las llaves… ¡Dios parece que lo oigo!…

Pero ese día… Sería distinto, veinticuatro de septiembre del ochenta y cinco, ese día la muerte entró en casa sin avisar, sin pedir permiso… Éramos felices, y se llevó todo en un segundo…Desde ese día odio el sonido de las ambulancias, desde ese día sé que en los momentos difíciles es cuando únicamente el tiempo se para y se hace eterno… Tanto que cuando llega lo que necesitabas ¡ya es tarde!…

¡Tengo escenas horribles grabadas en mi mente!… Escenas de terror... Primero la incertidumbre, esperando que sonara el teléfono, mi madre tenía los rulos puestos, y así salió de casa, con un pañuelo blanco y lunares verdes… No había tiempo de nada…Yo solo recuerdo chillidos y llorar… Creo que hasta mis hermanas tenían miedo de verme… Mi hermano que tenía siete años se lo llevó la vecina… Creo que el aún no era capaz de saber que pasaba y que significaría en nuestras vidas…

Y pasó ese largísimo tiempo en que te dicen… ¡”se fue”!… Y en instantes tu casa se llena de gente… que llora, que grita… Recuerdo a una tía mía que se había quedado embarazada con cuarenta y dos años, eran con quienes mis padres salían… Se desmayó en el pasillo… Pero lo duro sería cuando entrara mi abuela en casa… Ella ya había pasado por la muerte de otra hija hacía mucho... Y mi padre era buff para ella… Entraba buscándole, ¿dónde está? ¿Niño, hijo?... Yo la abrazaba y le decía: abuela que está bien, que ahora viene, tenía miedo… Creía que mi abuela se podía morir de pena, de llorar, de gritar, ella ese día no me escuchaba, no me veía, no funcionaba nada con ella, nada de lo que siempre había funcionado…

Recuerdo que se daba golpes contra las paredes yo pensaba que ella también se me moría ese día… ¡Dios… voy a intentar salir de este tema!… ¡Ay!, yo no sé si empecé a cambiar raíz de todo esto… Es como si en el fondo odiara a mi madre, por que ella se había quedado… Estoy segura que la quería igual que a él, quizás si hubiese pasado lo contrario hubiera sentido lo mismo… ¡No lo sé!… Creo que crecí de golpe… y sentí que la autoridad en casa… También había salido por la puerta… ¡Le hice pasar a mi madre las de Caín!, creo que tuve depresión…


Me llevó al psicólogo varios meses... Pero enseguida lo dejamos… Solo había que esperar, o volver aprender a convivir… La verdad que es cierto que el tiempo lo cura todo, enseguida vuelves a sonreír… Cada vez los bajones tardan más en llegar… Te acostumbras a las ausencias… Por eso estoy segura que nadie es imprescindible en la vida…

Seguí con mi colegio, nunca repetí… Pero tampoco fui buena, tenía mucha energía, y muchas ganas de ser mayor, observaba a mi hermana seis años mayor que yo, y quería seguirla, la escuchaba y que bien se lo pasaba… O eso creía yo… Hice una buena amiga en quinto y hoy sigo muy cerca de ella… Se llama Verónica… Ella siguió estudiando… a veces nos juntamos de vez en cuando y no le ha ido muy bien tampoco... Y bueno así es más o menos mi vida hasta los quince años…

Cuando conozco a Julián… fue mi primer amor… Con el descubrí ¡todo!, y estuve enamorada… Duramos año y medio... Yo venía a verle aquí al pueblo, y poco a poco se iba apagando la relación… Se pasaba las tardes del fin de semana, jugando al mus con los amigos… Y yo me aburría., y más cosillas que van pasando… empecé a trabajar en una peluquería con diez y seis años, en el centro de Salamanca cerca del estacionamiento donde dejas el coche, hice nuevas amistades poco a poco, como yo aparentaba más edad de la que tenía, me uní a mi hermana… Y un día le dije a Julián que lo dejábamos, el justo estaba haciendo el servicio militar en Salamanca, creo que lo pasó mal, le dio por beber, por comer, se puso gordísimo y una vida un poco chunga…

Yo al recuperar la libertad, creo que quise comerme la vida de un bocado, salía muchísimo… Me fui de casa, a vivir con una amiga, tenía dinerillo ahorrado, y me lo gasté en salir y en el alquiler… Pero el dinero dura tan poco, a los dos meses creo que volví a casa… Viví tanto, tan intenso… Que un día, sin yo saberlo mi madre me dijo... ¡Rebeca estás embarazada!... Lo supo ella antes que yo… ¿Qué tendrán las madres?... Solo llevaba dos meses con ese chico… Mi madre me llevó al medico me planteó abortar… Pero en la consulta me dieron un librillo donde había una mamá dándole el pecho a su hijo… ¡Y a mi esa foto me enterneció!… Y sin dudarlo dije que adelante…

Bueno no sé si seguir con esto por que creo que te lo conté… Le escribí a Julián contándole lo que me había pasado, pues nos seguíamos llevando bien, y el me dijo que no me preocupara, que el estaría para todo lo que hiciera falta y así fue…Y un día parece que lo imposible se hace posible… Y lo que otros ven tan extraño tu lo ves tan normal… Y te llenas de ilusiones para crear una familia…

Olvidé amistades, fiestas… me entregué por completo a la llegada de mi muñequita, y a mi nuevo hogar, mi madre nos ayudó muchísimo… La pasamos mal económicamente, pero mi madre siempre estaba... Ella pagaba pañales, la leche, nos puso el teléfono, nos ayudaba a administrar el millón que nos dejó la abuela, nos dio la entrada, se venía a cuidar la niña cuando yo trabajaba, me hacía casa, comida, nos pagaba de vez en cuando alguna cena, a la que íbamos con ella y mis tíos…y bueno, éramos perfectos, como padres, como hijos, todo era perfecto…

Y un día te preguntas… ¿Qué ha pasado? ¿Cuándo ha cambiado todo?, si éramos felices, éramos perfectos, si también teníamos sueños… No había pasión, sexo poco y malo… Pero, ¿A quién le hacía falta? Si éramos felices sin él… Será que un día empiezas de repente, a notar que sientes cosas, y que enganchan, que gustan… Que los niños han crecido, que ya no te necesitan cada segundo como antes, y, según ellos se hacen independientes tú te vas haciendo también con ellos…

Y ves que ellos están empezando a hacerlo todo… Y que tú, pronto empiezas a vivir a contra reloj… Que los años pasan tan rápido, que a veces parecen tan cortos como los días. Lo fácil quizás sería vivir una vida de mentira… Una doble vida, pero eso sólo vale para el que busca sólo el placer físico, y yo, soy tanto del placer de muy dentro, yo quiero todo, quiero poder gritar que estoy enamorada… Quiero sentir con los labios, con el sexo, con las manos, pero también quiero y necesito sentir con el corazón, con el alma, y compartirlo, cuando estoy feliz necesito compartirlo, e intentar contagiarlo, me encantaría que todo el mundo fuera feliz… Todo el mundo lo merece… Y ahora estoy aquí.

No sé bien en qué punto me encuentro, no sé a dónde me llevará este camino… No quiero, ni puedo preguntarte si tú tienes una meta donde llegar, si sabes que en cierto kilómetro, llegará el stop, o el fin del trayecto… Yo viajo en un camino infinito, creo que mi viaje, no es al punto más distante de la tierra… Mi camino lo sueño, hacia mucho más allá.

Sé que nada es fácil... Y que quizás, nada es eterno, pero, ¿y si sí lo es? Para mí sería quizás más fácil empezar aquí mi vida, con alguien de mi edad, me da igual si tiene 1, 2, 3, 4, hijos, ¡es tan fácil querer a un niño!... Pero te has cruzado tú en mi camino… Y no hay manera de ver más allá, no es fácil sentir hasta perder el control, hasta perder la noción del tiempo, hasta perder la voluntad… La decencia…

Es como si hubiera caído rendida a tu voz, a tus letras… A tus pies. Te dije varias veces que jamás te pediré nada… Pero no sería verdad si te dijera que si pasa el tiempo, y seguimos así, se siguen frecuentando los te quiero, las ansias, las ganas, no espero nada de ti… Si esto sigue así, claro que lo espero, y lo deseo, y lo necesito… Yo no sé si me voy a sentir así siempre…

A veces me pregunto, si esto es de verdad, creo que el tiempo, será el juez de todo y él será quien firme la sentencia. Cuando se quiere, lo sé por que lo he vivido… ¡Todo se puede!, ¡Para todo hay fuerzas!, ¡Y nada es imposible!
La palabra “pero”, no existe, y la “imposible”... Ni siquiera asoma…

Estoy llena de miedos, tantos, que sería capaz de volver a mi pasado, allí donde más sufrí, antes que viajar a mi futuro, el pasado, sé que pude superarlo, sé que no estuve sola, y tampoco había nadie bajo mi responsabilidad… Ahora todo parece más pesado… Y da vértigo asomarse a la ventana que se pueda abrir mañana y caer sin paracaídas.

Intentaré ofrecerte lo mejor de mí, y también dejaré que salga lo peor… Y esperaré ansiosa lo mismo de ti… Que sea lo que el destino quiera… Y si no quiere nada, sólo deseo que no me olvides, que te vaya genial la vida, y que tú me desees lo mismo a mí… Hoy sé que te quiero… Y siento que tú también a mí, pero es pronto lo sé, para saber muchas cosas… Un beso.

Colaboración de Rebeca
España

 

 


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