Hojas secas, flores marchitas,
días marchando grises, colores pálidos, perfumes secos.
Otoño mío, no te enamores de la primavera,
porque ella busca flores, y a ti, no te quedó ni una sola, sólo hojas secas.
Mira sus aves, observa tu soledad, su cielo dorado,
y el tuyo muy pálido. No te enamores de la primavera, no
Delires por sus besos enfermos de juventud.
A ti solo se acerca para sentirse segura de su belleza,
deseada sentirse, y alimentar sus alas
para volar alto, donde tú no puedas llegar.
Son dos tiempos distintos,
la distancia es insuperable
cual la muerte y la vida; otoño gris,
no siguas.
Sufrirás cuando se fijen tus oscuras horas,
cuando veas imposible besar su alma inquieta,
cuando sientas que tus alas quebradas no alcancen
su vuelo, porque la vida le sobra mientras tu sol declina.
Tu noche casi termina;
pesada y espesa la oscuridad se sienta en tu espalda,
las luciérnagas buscan sus amoríos con sus
rituales tenues de luz; chispas que apuñalan la gran penumbra, mientras la luz persigue su destino.
Ayer la vi, con flores en las manos, rodeada de mariposas, cantando como los pájaros.
Miré el sol en sus ojos; realmente maravilloso,
sólido, explosivo y colosal, para esa ligera chispa
que se escurre de los tuyos.
La vi feliz, persiguiendo sus sueños, imaginando
sus alegrías muy lejos de la oscura tristeza.
Plantada en su fértil tiempo de dichas,
no mira las sombras que viste el día.
Inquieta y decidida, camina hacia su destino
tomada de otras manos, arrastrada por aires
Olor a rosas frescas.
Vive tu realidad, y no manches
tus días de fantasías, que acumularan
los infortunios que cargan tus frágiles manos.
Solo vive, que la primavera,
muy pronto terminará.