Una flor desnuda y muerta
en el medio del desierto
provoca un dolor que quema
desconcentrando lo incierto.
Una flor que son doscientas
y dos mil lágrimas las bañan,
doscientas mil flores muertas
que se pierden en la nada.
Rocas tristes, desoladas,
que la ven en rededor
permanecen bien calladas
escuchando un clamor.
Un inclemente rayo de Sol
hiere y quema un anhelo
de una historia de dolor
como lágrimas del desierto.
Lágrimas del desierto
se evaporan y se elevan
y se mezclan con el viento
y un grito de dolor llevan.
Lágrimas del desierto
se evaporan y se elevan,
la soledad y el desierto
apestan a pura mierda.
Una flor sin pétalos
que nos deja entre ver
que dentro de ella había
escondida una mujer.
Que esas mujeres no son nada,
son la luz de una mirada,
que se enciende y que se oculta,
que se encuentra y se sepulta
en las arenas de un adiós
sin corazón.
Lágrimas del desierto
caen al piso y se evaporan
y en el piso nace flor
que entre sus pétalos llora.
Lágrimas del desierto
se evaporan y se elevan,
la soledad y el desierto
apestan a pura mierda.
Una flor sin pétalos
que nos deja entre ver
que dentro de ella había
escondida una mujer.
Que esas mujeres no son nada,
son la luz de una mirada,
que se enciende y que se oculta,
que se encuentra y se sepulta
en las arenas de un adiós
sin corazón, tanto rencor,
muerto de amor.
A las mujeres muertas en Ciudad Juárez.
Este dolido canto para ellas y todos sus etcéteras.
Colaboración de Carlos Monsalvo
México