La fría noche me desvela sin piedad,
mantiene mis sentidos atentos a tus recuerdos,
mi mirada ya no refleja profundidad,
mi única sonrisa esta al contemplar tu retrato.
Ahora al sentir el roce de mi almohada,
comienzo a pensar en aquel que me ama,
te llamo, te río, te lloro hasta la alborada,
y grito con llanto tu nombre desde mi cama.
Tratando de hacerte escuchar mi voz,
y contarte que le he pedido a Dios,
que te cuide y te lleve de su mano,
y pronto me permita estar a tu lado.
Porque se ahoga mi corazón en el silencio,
la cruel nostalgia pinta en mi esta agonía,
y esta soledad que ocupa tu espacio,
consume lentamente mi tiempo de vida.
Parpadeo para disimular la lluvia de ojos,
intentando disfrazar mi llanto ante la gente,
porque esta pena de que respires tan lejos,
esta absorbiendo mi alma completamente.
No tiene precio el grande amor que fundamos,
que nadie romperá nuestros enlazados corazones,
ni la distancia impedirá que nos amemos,
en el cielo están escritos nuestros nombres.
Han pasado tantas lunas en mi espera,
volver a ver tus ojos es mi esperanza,
aun siendo muy grande la distancia,
es aun más grande mi plena confianza.
Colaboración de Jonathan Reyna López
México