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Es lunes

 

Es lunes.

Un lunes de esos imaginarios: Un domingo extendido. Es un día que utilizo para hablar de ti: Simplemente…

Es como un día que no existe antes, pero si estamos juntos pasa sin advertirlo:

Plácidamente.

Y es que verte a los ojos o escucharte sonreír y hasta verte llorar ahhh… pero hoy es lunes.

Uno de esos imaginarios.

Sí, el día más lento, largo y profético: Vulgar – no por lo grosero, sino populoso-.

Bueno, acabo de acostarme a tu lado, sólo para verte enroscada sobre tu cama, abrazando tu almohada: ¡Qué difícil conservar un lugar en la cama, evitando tropezar, con tantas vueltas y revueltas que das!

Verte, imaginarte dormida, como una beba, sin tocarte apenas y sentir, sin embargo, como cede el colchón bajo los pesos y se empapan las sábanas con nuestro sudor: Tu vientre, redondeado al final, tus caderas fuertes y amplias, tus piernas cortas, torneadas, tus senos libres y bellos, bajo la frágil y fresca telilla que apenas les cubre…

Es inútil, quizá, pasar la noche en vela sólo viendo dormir a una mujer.

Yo perdería varias: Seguro te haría mi mujer de una manera especial… ¿Amarte en silencio, en la distancia?

Acariciarte quizá mientras te recorren los sueños y tú, por ellos, paseas como si no existieran el miedo ni el dolor, dejándoles el lugar que les pertenece, enseñándonos a vivir mas que a estar vivos: acompañándome a estar solo y a ser feliz sin pretenderlo ni querer saber por qué…

Me sentaría a escuchar como respiras y a ver cómo, en los párpados, se te vienen todas las angustias y las felicidades, a ver tu corazón latir bajo ese lunar que tanto me gusta y morderme los labios al quererte besar.

Abriría las ventanas al patio (quizá entre entonces una bocanada de aire desde el mar que nos une y nos separa) y te contaría una historia mientras la luna reposa sus rayos sobre tus hombros.

Cantaría una estrofa que se te parezca, dormiría acodado en la cama y te correría las sábanas para no ahogarte el sexo ni descubrirlo a la tentación…

Sería feliz un instante, otro instante, hasta hacerte parte de mí, poco, poquito a poco, media noche, cada noche, sin que sepas, siquiera, que estoy allí…

Pero hoy es lunes: Un día normal y debes salir a no sé qué cosa: Imagino que saltarás, a veces, y otras te retorcerás desperezándote.

Pero hoy miras la ventana sin recordar como le habías dejado, apagas el abanico, sin ganas, con la punta del pie y sientes el suelo frío y liso tanteando las chanclas: Es verano. Es diciembre. No tienes por qué salir, aunque sea lunes.

Te acomodas las telitas que te cubren en ese combate de sábanas y perezas que acabas de concluir. Bostezas.

Tienes los ojos chicos, felizmente chicos y aún empatados de esa sustancia que tienen los sueños cuando no son de otro: ¡Siempre he querido verte así!

Aún no sales. No quieres salir. Te haces un nudo en el pelo, te empinas y te arqueas – te traquea un huecesillo allá junto al alma -.

Bostezas, de nuevo, con una sonrisa entre dientes, y entonces miras la cama sin querer arreglarla y sin estar pensando en mí. (No sé donde duerma tu beba, he asumido que no lo hacen juntas y que, quizá, ahora iras a darle una vuelta).

Yo ahora pienso ( y ahora lo pienso) – no es que siempre lo haga – y es divertido: Siento quererte tanto y, a veces, no sé como puedo aguantarme las ganas… ah si estuvieras más cerca, si aboliéramos distancias… pero hoy es lunes, es diciembre y estas de vacaciones.

Bueno, es que sólo quería decirte que a veces pienso y casi nunca digo. Por eso hoy es lunes, para decirte… no es necesario decirlo, para sentirte cercana y mía como si fueses mi amante. La amada, la amante que nos hace pensar y ser poetas… a la cual jugaríamos la vida sin temor a perderla…

Pero hoy es lunes y éste día es la excusa formal para hablarte al oído y decirte que casi, eres la mujer perfecta. Lo fueras, seguro, si en verdad fueras mi amante… pero ahora es lunes y debes ducharte, comer y vestirte para acabar de ser esa mujer a la que tanto amo, sin paranoias ni mentiras.

Un amor de tropiezos y caídas, de regaños y, por qué no, de reclamos.

Un amor sin doble cara y un filo peligroso, que mutila lo inútil, poda lo prodigioso y fecundo. Precioso.

Un amor prosaico al cual, seguro, aún no debemos llamar amor. ¿Sólo cariño?

Hoy es lunes, de todas formas, y es mejor dejarlo, seguir o mandarlo a dormir para no seguir enredándome o hundiendo, ¿quién sabe?

Igual, fue bonito verte dormir e imaginarme a tu lado y poderte decir, con este desorden de letras, que casi lloré – como lloran los hombres – al ver, sentir y saber que podría amarte tanto y no poder hacerlo.

Buen día.

Buena noche.

Amada.

 

Colaboración de Luis Carlos Ramírez Lascarro
Colombia

 

 


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