¿Sabes que es más difícil que perdonar a otros? Exacto, perdonarte a ti mismo. Requiere una gran madurez y amor, sembrado a través de mil batallas de la vida, entre el dolor, la ira... y finalmente, el perdón. No es tan simple como decirlo, porque una cosa es decir "te perdono" y otra hacerlo de corazón, poniéndote en los zapatos del otro y comprender porqué hizo lo que hizo. Sin embargo, cuando aprendas la magia de perdonar, un alivio inmenso comenzarás a experimentar en tu interior... Porque si Dios nos ha perdonado ¿por qué no hacerlo nosotros?