Cuando los años pasan y dejan huellas imborrables en el alma, huellas producto del dolor, de la culpa y el remordimiento; de haber tenído todo para ser felices y no serlo se siente un vacío tan grande en el pecho que no deja respirar que te agobia y te consume la vida como un cáncer…
Un cáncer que no ataca la carne, si no el alma, el alma de los condenados como yo, que teniendo el amor lo dejamos pasar sin siquiera luchar. Culpar al destino, a la vida, al mundo seria de cobarde, lo que estoy viviendo lo forje yo con mis propias acciones con mi inmadurez, mi falta de compromiso con mis sentimientos, por no saber luchar por la mujer que amaba.
Lo que aquí escribo es lo que estoy sintiendo.
Colaboración de
Andrés
Perú
