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De rodillas

 

Viví un año entero de rodillas, lloré las lágrimas que en 24 años no lloraba. Pegué mil puños al aire, y me arranqué más de la mitad de mis cabellos. Mojé más de un pañuelo con el que secaba mis lágrimas, y le rezé al aire.

Mire más de una vez el piso, un piso que se convirtió en mi único paisaje.

Sentí mil puñaladas en mi pecho, y cada noche se enfriaba más mi alma. Dejé de mirar el espejo, ya ni arreglarme me incitaba. Dejé que las libras se acumularan y que la piel se me resecara.

De rodillas me encontraba, ni la risa de mi hija me emocionaba.

Cerré las ventanas de mi casa, para que no entrara una luz que no estaba invitada.

¿En que mundo me metí, en que persona me estaba convirtiendo? De rodillas a ese hombre le gritaba. Se me resecaron las rodillas por tanto maltratarlas. Con mi cabeza agachada y escondida entre mis brazos entregué la poca dignidad que me quedaba.

De rodillas le escupí a ese hombre que me insultaba. Sus palabras tan fuertes, tan llenas de mal trato cada vez más me derrotaban. De rodillas le suplicaba con los cachetes ahogados en mis lágrimas, le pedía que se callara que no me dijera ni una sola palabra.

Cada palabra la sentía como una puñalada. No se porque me dejé llevar por sus palabras, ni por qué creía en lo que él me decía.

De rodillas supliqué mas de una vez mi muerte, no sentía deseos de esta vida. De rodillas le grité al mundo que me levantara. Me ahogué en mi propio llanto y me encerré en mi propio mundo y a ese hombre le aprendí a creer cada una de sus palabras.

Que tonta que fui, que estúpida dirás, y por eso llegó el día que de rodillas no me volverás a encontrar.

No se de donde saqué mil fuerzas, pero las logré sacar.

Tuve que comprender que todo lo que ese hombre decía eran puras palabras. Se escondía tras de mí, con cada una de sus palabras, el escondía la verdad de lo que es él, un simple cobarde.

Jamás creía yo que sería de esas mujeres que se dejan menospreciar, pero al estudiar mi vida comprendí que desde mi primer beso acepté ese tipo de relación.

No me las tiro de mártir, pues un día me enseñaron que para que haya un villano tiene que haber una tonta que se deja.

Hoy podría decir que he madurado, nunca mas me dejaría menos preciar por ningún hombre, pues creo que valgo muchísimo.

Lo único que puedo decir es que mis rodillas se han curado, toqué fondo y ahora me he parado.

 

Sobreviví una relación autodestructiva, en la cual las palabras cada vez se hacían más fuertes y se aproximaba la hora de que pasara de verbal a física.

Colaboración de Carolina González
Estados Unidos

 

 


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