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El acoso

 

Hay una modalidad de soledad, la soledad de la persona acosada.
Vivimos en la era de la comunicación en tecnología. Toda clase de teléfonos, ordenadores, redes sociales... Sin embargo, me pregunto dónde está la comunicación que contenga humanidad. Sólo cuenta el protagonismo propio, sólo cuenta el clan al que se pertenece, mi gente, sólo cuenta los todos contra uno. Esto se detecta desde el entorno escolar (bulling), el entorno laboral (mobbing), incluso en grupos familiares (la oveja negra), en toda clase de entornos, la lista sería interminable.

El fenómeno de acoso está socavado, existe el concepto, pero no se desea apoyar al individuo que lo sufre, no se desea reconocer a la víctima. Si tú intentas buscar ayuda ante un acto de acoso laboral, prepárate para invertir en esfuerzos y gastos legales. Puedes intentar que te apoyen a nivel sindical pero nada obtendrás, por una sencilla razón: el acosador suele ser una persona con poder, un líder, tiene seguidores y nunca detractores.

Normalmente, el acosado o acosada suele ser alguien sin apoyos, que está sólo o sola. Los acosadores saben muy bien que su víctima tiene que ser una persona débil y sin poder. Lamentablemente vivimos en la actualidad en una sociedad carente de ética. Es posible que haya personas que hagan uso de ese valor, pero en general la ética es otro concepto. Vivimos entre conceptos, palabras vacías. Hipocresía y falsedad.

El individuo que sufre acoso guarda silencio, se aísla, sufre con resignación e, incluso llega a pensar que lo merece, que es culpable de su situación, que no tiene derecho a nada. La autoestima llega a ser anulada por completo. Hay quien sufre depresiones e incurre en intentos de ¡suicidio! Pero nadie apoya al acosado. Incluso puede ser tachado de loco. Son imaginaciones tuyas, eres esquizoides. Es por esto por lo que la víctima de acoso se silencia a sí mismo. Verdaderamente es una terrible situación.

En un congreso celebrado entre profesionales de mi gremio tuve acceso a una conversación. Los que conversaban se referían a una compañera (para mí desconocida) que sufrió acoso sexual y no lo denunció por miedo. Yo misma, hace un año, me vi sometida a una situación un tanto extraña: Mi jefe, (sólo en funciones, ya que yo no tengo jefes de los que dependa sino por funciones, pues trabajo en un estacionamiento público); pretendía que me quedara trabajando a las diez de la noche con él sola en una oficina, diciéndole a otra compañera que se fuera porque iba a perder un tren y cuando yo dije que yo también debería irme porque ya era tarde, me dijo con voz autoritaria, no, tú te quedas.

La otra compañera no se quiso marchar (tal vez comprendió la situación), pero confieso que por un momento sentí algo extraño, parecido al miedo. Al día siguiente comenté el tema con alguien de mi confianza que me recomendó que pusiera los medios para que no pudiera repetirse la delicada situación. Sin dudarlo me puse en contacto con la persona que administrativamente estaba al cargo de toda la organización, que a su vez llamó al orden a ese jefe en funciones.

La reacción fue nefasta para mí por parte de todo el equipo, hubo incluso ataques verbales. El protagonista del suceso intentó por todos los medios deshacerse de mí. No lo consiguió porque mi puesto es público y no se puede manipular. Intenté limar asperezas aclarando que yo no pretendía acusarle de nada, sino evitar situaciones ambiguas en lo sucesivo, incluso le llegué a pedir disculpas (la humillación es indescriptible)...

Sin embargo, sé que estoy sometida a ese acoso socavado al que me refiero, ese sutil, ese al que no se puede aludir ni tampoco eludir. No me considero una persona débil, soy profesionalmente todo lo competente que mi puesto exige, soy una persona sería y cumplidora. Con estos ingredientes salgo adelante, pero reconozco que lo estoy pasando mal, que me siento aislada, que sé que al mínimo fallo voy a ser duramente juzgada. Esto provoca en mí una gran frustración y presión al mismo tiempo.

Cuando estoy presente en reuniones de trabajo tengo que hacer acopio de una gran diplomacia para evitar situaciones de confrontación que sólo me perjudicarían. Y esto es todo. No quiero quejarme de victimismo. Por fortuna este puesto es temporal y pronto cambiaré de entorno, sin embargo, no soy tan ingenua como para creer que no me volveré a encontrar con situaciones de acoso, pues esto está al orden del día.

Sólo está reflexión: Debería haber más justicia para evitar este tipo de situaciones. Y no deberíamos guardar silencio ante el acoso.

 

Con este texto pretendo poner algo de claridad en la noche de los que sufren situaciones de este tipo

 

Colaboración de Matecha
Suiza

 

 


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