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Carta a mi dulce obsesión

 

Mi vida ha cambiado mucho y yo fui la única culpable de lo que me ha pasado.

Todo comenzó como un juego y así siguió por poco tiempo, la meta era ver quien le hablaba primero a quien, tú eras muy tímido o al menos eso fue lo que me hiciste creer…

De pronto ese juego se terminó cuando me sonreíste y fue ahí donde nació una ilusión.

Nunca había sentido algo así y menos por un desconocido.

Al paso que iba ya no era mas una ilusión, era AMOR, un amor tan fuerte en el cual solo podía pensar en ti. Yo hacía hasta lo imposible por verte, una sonrisa retorcida era mas que suficiente para que mi día valiera la pena, para que mi día fuera perfecto.

Un día cualquiera me di cuenta de que me hacías falta, de que ya no era suficiente una sonrisa y mucho menos una simple mirada. No soportaba que nadie más te viera, quería ser la única para ti, y claro tú serías solo para mí.

¿Acaso me volví posesiva, eran celos o era egoísta?

La verdad no me preocupé demasiado por saber que me pasaba, pero ya no podía más, tenía que verte, que hablarte, que escucharte, que sentirte.

Sentía como poco a poco mis entrañas se consumían mas y mas solo por la necesidad de tenerte conmigo, era demasiado fuerte no podía pensar, no podía actuar, no podía hacer nada. No sabía qué hacer para acercarme a ti.

Las ganas de verte eran más fuertes que una droga, mi necesidad de estar contigo era tan grande, que los días me parecían una eternidad.

En verdad sufrí mucho por esta obsesión, que lo único que me dejó fue soledad, tristeza y amargura. A lo mejor tú no sabes ni quien soy o más bien quien fui, decidí acabar con este infierno con el calvario en el cual yo misma decidí vivir.

Me hubiera gustado presentarme de otra manera y en persona, pero si no lo hice en vida, menos ahora. Cuídate mucho, y recuerda que una obsesión no deja nada bueno.

ATTE. Saraí Muñoz, pero para ti fui la chica de la mochila rosa.


Una obsesión puede ser muy peligrosa, por eso siempre debemos de saber qué es lo que queremos y no dejarnos llevar por nada ni por nadie.

Colaboración de Tere Bernardino
México

 

 


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