A veces la felicidad no basta para satisfacer la necesidad del hombre,
a veces nos volvemos minúsculos a la imagen de una persona, a
veces una simple palabra basta para dividir la vida de un ser. Nos volvemos
indiferentes a un mundo que lo llamó: el amor. Y nos volvemos
protagonistas de una novela llamada dolor.
Creemos poder soportar todo en cuanto problemas me refiero y nos volvemos
aparentemente rocas, damos la espalda a los problemas o los enfrentamos
de una manera equivocada, pero el orgullo, que nos marca, nos transforma
en seres difíciles y reventamos nuestra ira en las personas mas
cercanas, por que son ellas quienes primero se dan cuenta del error
y por cosas del destino, solemos ser las ultimas en enterarnos...
La felicidad, ¿Qué rayos es eso?... Me preguntaba. ¿Acaso
puedo conocer la felicidad después de haber probado el dolor?
Hoy no lo se todavía, la envidia está en mi, porque todavía
no he olvidado el sufrimiento, tal vez la pueda llamar traición,
tal vez la pueda llamar destino, pero el sentimiento será siempre
el mismo.
Son 217 veces que la amo, son 217 veces que la quiero, son 217 días
que la he visto, pero son 20 veces que la he odiado por que son 20 veces
que mi amigo la ama también, porque no basta solo un amante para
hacer sentir bien a una pareja, por que siempre, en cualquier lado,
en cualquier tiempo, siempre estará lo opuesto.
Tal vez podamos ser lo bueno o quizás nos convertimos en lo malo,
pero siempre seguiremos siendo parte de la historia. No quiero mi amigo
lector que des conclusión de esto, quiero que te des cuenta de
que el amor es simplemente como la llamamos, pero siempre el significado
será lo que tú quieres que signifique, tú eres
el amor, de ti depende que este siga existiendo, depende de ti que este
muera.
Pero siempre dependerá de dos la verdadera felicidad. Disfrutemos
del verdadero sabor de la vida, porque cada vez que odiamos, reconocemos
que ha sido parte importante de nosotros.