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Del estatus social y otros desquicies

 

El hombre, desde tiempos de antaño, se ha visto envuelto en reglas de convivencia que han condicionado su manera de vivir, reglas que con el tiempo van tomando cada vez más fuerza, en casos puede llegarse a creer que son inmutables.

A estos condicionamientos podríamos referir el sistema de gobierno, pues en el se institucionalizan las costumbres que en cierto momento fueron aceptadas; así que se adoptan y se aplican, aunque sean obsoletas para unos, para otros son un buen modo de vivir.

Surge entonces la consecuencia de tal aislamiento a nuevas ideas, y no es más que el hecho de girar consecutivamente en la rueda de la mediocridad.

El hombre por su naturaleza, es dado a buscar más de lo que tiene, a buscar un mejor porvenir, pero ahora ¿qué condiciona ese porvenir?, para dar solución podemos dirigir la mirada a las circunstancias básicas de su subsistencia.

Este hombre vive en un mundo altamente competitivo, de pocas oportunidades, y ante todo, vive en un mundo con hombres, que de ricos a pobres, ansían poder.

Tal condicionamiento del mundo no puede ser más que un lugar para sobrevivir, y esta supervivencia de hecho esta ligada a los mismos parámetros, el hecho de subsistir bajo parámetros limita grandemente la inteligencia para innovar en su modo de vida, y se puede afirmar que esta creado con ese fin.

Vislumbremos ahora con más especificidad, distinguiendo varios tipos de personalidades, el hombre alto, medio y bajo (en estatus económico): El hombre alto es una personalidad que esta en tal lugar por herencia en la mayoría de los casos, y otros llegaron allí por “lucha” propia, este hecho no les hace diferentes, pues cumplida la meta, cumplirán las subsiguientes para sentirse en completa realización con su modo de vida elegido.

O cuál de los ricos gobernantes puede decir que tiene realmente nuevas ideas, y que las intenta aplicar, no se ha visto gente así, cualquier ilusión de que esto sea posible no es más que una estrategia como todo lo que el alto hace.

Hablábamos anteriormente de ciertas circunstancias, apuntábamos en principio a un grado de competencia, el hombre puesto allí no dejará su trono por el hecho de saber que el resto del mundo anda mal, pues si hay competencia el asume haber logrado el triunfo.

Veamos que en nuestro entorno los objetivos de las demás personas son todos aquellos ya cumplidos por el hombre rico.

Ahora bien, también se puede afirmar que sus oportunidades son ilimitadas, no es difícil darse cuenta que a un hijo de un rey no le faltará jamás el estudio, la alimentación y la salud, porque el hombre alto tiene pleno dominio de su entorno, y darse cuenta de ello le conlleva a olvidar la justicia, pues puede darse el caso en que su hijo no merezca una buena Universidad por sus méritos, pero aún así la tendrá, ni deberá que decirlo, el sabe que la tendrá.

Y es ahí donde se empieza a generar la mediocridad, vemos que el hijo del alto no se apoya solo en si mismo para vivir bien, el depende en lo absoluto del porvenir que su padre le dibuje.

Igualmente su padre será un mediocre al tener tantos privilegios que le conviertan en holgazán, porque el hecho de hacer oportunidades para vivir como holgazán, no le da el titulo de trabajador, no lo merece.

Continuando con el hombre alto vemos que este tiene los medios para vislumbrar las necesidades de los que llama seres inferiores, y maneja esto como un buen juego de estrategia, hace acuerdos, rompe acuerdos, mueve fichas o quita fichas, es un juego motivado por el tercer condicionamiento: las ansias de poder.

Estas lo hacen crear un modelo que concuerde con lo que desea. Este hombre sabe que hay otros en su misma tarea y que cualquier falencia en el será mal vista por los que son sus dirigentes, porque incluso el los tiene, y es ahí donde encuentra nuevas reglas para su “vecindario” con personas que no son su competencia, sino sus amigos de inframundo.

Unas reglas que le demuestran la manera de sacar el máximo aprovechamiento del juego en que el tiene brazo para mover fichas.

Así, superando las dificultades de competencia, de oportunidades y de poder, se puede ir a dormir, agradeciendo a si mismo por su obra.

Ahora, el hombre medio es condicionado por las reglas que su superior crea, es un hombre del que se dice vive en estabilidad, que es al final una adaptación a las reglas, va a su trabajo, alimenta a su familia, ayuda a su vecino, va a misa y esta salvado, todo lo hace bien.

Pero que esperamos de una incesante rutina de mal llamada buena vida, no más que otro ser del que nunca sabremos que pasó por la tierra, sin embargo este ser será llorado porque era alguien de “bien”, “oh! Si!”, pues nunca quebranto la ley, bailaba, hacia deporte, cuidaba de su pareja y formó una familia con principios cristianos.

¿Pero será esa conducta la mejor conducta posible?, sencillamente no lo es, pues este ser no hizo más que cumplir una función instintiva de vivir bajo lo parámetros de la moda, de las costumbres, de la jerarquía.

Ejemplos, cada uno más ridículo que el anterior, los vemos a diario, cuando un padre que tiene una familia se ilusiona con la idea de tener el poder del hombre alto, cuando un hombre que golpea a sus hijos cree ser de la policía estatal, o cuando cientos de veces cometió fraudes para vivir mejor, humillar a sus vecinos que son la competencia y demostrar así que es más desarrollado.

Lastimosamente, nada de lo que empieza mal termina de buena manera, el creó un mundo que afectó cada partícula de su entorno, y el ciclo vicioso de mediocridad vuelve a reinar ahora con el hombre medio, su hijo va a reñir cada vez más con sus vecinos y querrá demostrar que es más.

Y es aquí donde el alto aparece, porque el ve la oportunidad de intervenir para aprovecharse de la ignorancia que genera el desconocimiento de la verdad.

El hombre alto de nuevo mueve sus fichas y condiciona el mundo para una competencia más ardua, pero no con miras a la superación de estos pequeños seres que controla, su estirpe nunca le enseñó a hacerlo, el solo sabe crear normas a conveniencia, y... ¿ahora que?

La falacia de nuevo a flote, el hombre alto deja que el hombre medio se meta con asuntos tan complicados que no es capaz de manejar, como la moda, en algo tan cambiante no se puede determinar quien es mejor.

Pero aun así lo intentan y se pierden en su confusión por ser mejor, ¿y con qué objeto el hombre medio lo hace?, pues bien su competencia sigue ensañada en su corazón y tener una mujer más bella, o una casa más grande y vanguardista será el parámetro, que solo por su ignorancia, es capaz de hacerlo mejor.

Finalmente, parámetros materialistas, emanados de eventos que en casos ni conoce, son todo aquello que mostrará su realización. Solo ante hombres medios, el hombre alto se alegrará y de nuevo, cada noche, agradecerá a si mismo porque ha logrado una sana competencia.

Este ultimo moverá unas cuantas fichitas más para arreglar los daños de tan sana competencia, pero no son tantos como para dejar de jugar, unas patrullas aquí, unos bomberos allí y unas cuantas comisarías de familia podrán arreglar el problema, tanto como se desee, hasta que su condicionamiento lo crea adecuado, ¡no vaya a terminar en un exceso de amor a su prójimo!

Y ahora, el hombre bajo, que adopta la total tergiversación de todo los mensajes que le arriban y que pudo, en sus comienzos, haber sido artístico, esotérico, religioso, o político.

El mismo lo acomoda a su modo de vida, un modo de vida que no tiene oportunidades, pero aún así tiene poder, cuando una banda de sicarios es más fuerte que otra, cuando a el se acude para poder drogarse, o embriagarse, o cuando tiene el “mando” de su familia, descargando la furia de robos frustrados de malas noches y de insuficiencia para tener el poder en un barrio o en una localidad.

Este, por lastima es el fin de las decisiones del alto, y recordemos que ellas empezaron con un corazón negro del odio, y lleno de tanta avaricia que solo el explica como es que la almacena.

En este ultimo ámbito hay que luchar mucho para lograr nada, allí hay que matar para vivir, la regla de la naturaleza salvaje. Alguien la hizo así y ahí termina, se sufre se llora y ni para qué cuestionarlo, si ni aún al dejarlo de hacer se lograra un estatus mejor.

Este es un vertedero para el alto, y en casos un instrumento para mostrar su gran “bondad”, la misma que nunca ha representado la solución, porque condiciona la sociedad a más mediocridad.

Pero aún así es valido, ningún ser humano merece sufrir, no desmerece la obra benéfica de algunas almas que buscan dar amor y de otras que aunque buscan publicidad, pueden llenar los estómagos de personas cuyo alimento es una sopa de papel periódico, pero es de aclarar que estás obras no son solución porque el sufrimiento en ellos es un estado natural, que no se mitiga con paños de agua tibia.

Un hermano nuestro no merece tal grado de inmovilidad que le imputa el alto con sus reglas, ¡Por Dios! ¿Cuántos de ellos pudieron ser genios? me causa dolor imaginarlo, ¡porque esta sociedad les necesitaba!, eso si, en su estado natural, en aquel donde el talento tiene cabida y aplicación, no en el que le dispusieron.

¡Necesitamos de su naturaleza libre!

De aquella que ve una época diferente y que ve un mundo con ansias de cambio.

Igualmente, el hombre medio manifiesta latente su deseo de cambio. Se nota cuando nos enteramos que alguien fue desaparecido y que deseaba una mejor economía, un mejor sistema político, o en mis propias palabras: “un nuevo concepto de amor”.

Este hombre medio puede ver las dimensiones de las acciones de los altos, la entiende más que el bajo y si lo desea, empieza a cuestionarse... ¿qué puedo hacer?

De cualquier forma entienden que esos hechos son ineludibles a la naturaleza aristócrata del hombre alto.

Pero se ha hablado en la historia de seres que intentaron cambiar el mundo, muchos de estos seres habían sido tocados por el sufrimiento y marcaron tanto su vida que le intentaron dar vuelta a toda aquella que se viera en similitud.

Ellos no soslayaron el encuentro con la verdad, y a otros dudosos, que ahora hay muchos, los persuadieron para pensar en algo diferente.

Así van surgiendo los verdaderos hombres, aquel que se para en el problema que lo aqueja, que busca su origen y le da solución, hombres que vieron en la historia lo irritante de las acciones de los altos.

De ellos se ha hablado como héroes, personas con talentos, que vinieron a recordar lo que realmente importa, lo que realmente es nuestro objeto.

En casos difieren entre ellos mismos, unos son religiosos, otros son políticos y otros con posturas que desconozco.

Solo se que ellos se cansaron de la moralidad, se cansaron de vivir en desamor y supieron de una u otra manera que el rumbo debía ser otro.

Es menester nuestro decidir cuál se asume, pues los acontecimientos del hombre están tomando dimensiones descomunales, jamás vistas, que muestran que pronto llegará la hora de elegir para ser diferentes, el principio determina el final.

No debemos tirar a la basura los esfuerzos de quienes nos introyectaron nuevas verdades, es hora de elegir la adecuada, la única verdad, la que es agradable a todo ser.

Colaboración de Edison Arley Zapata Torres
Colombia

 


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