¿Por qué nos dejamos influenciar tan fácilmente por los pensamientos materiales, individuales y destructivos de esta intrigante sociedad?
¿Qué paso con nuestros ideales, pero aquellos que vienen del corazón no del bolsillo y necesidad de poder?
¿Por qué hay cada vez más destrucción, más actitudes defensivamente destructivas? ¿En qué momento de la vida dejamos de valorar las capacidades y entusiasmo de los demás y ver la mejor forma de reforzar las falencias sin causar tanto daño?
Si somos la voz de un pueblo y representamos a una comunidad, ¿por qué creernos superiores y hasta inalcanzables?, ¿acaso nuestro triunfo, fracaso, trabajo, motivación no se relacionan con ellos?
¿Por qué como líderes no rehusamos a involucrar constructivamente lo que dice nuestra gente? Quien dice llamarse líder si no ha aprendido a liderarse ni el mismo y no busca el bien común?
¡Ay! Que males provoca aquella avaricia, esa obsesión de poder, esa falsa necesidad de bienestar material, de lujos, para-conformismos y falsas amistades.
Donde han quedado en este mundo aquello de ser felices, de vivir de corazón no de monedas, en soñar, jugar, platicar, reír hasta que nos duela la barriga y hasta nos haga llorar, participar, ¿amar? tanto mal hemos hecho, tanto de eso nos hemos heredado que ahora nuestra conciencia sólo lucha por existir, más no de aprender y saber vivir
Que ilusa y soñadora he sido, que ingenua y estúpida al pensar que esto será algún día realidad, abandonaré mis ideales, me uniré a la ola ya que no podré ni lograré nada yendo en su contra –sólo saldría muy lastimada-, quizás así algún día consiga mi falsa felicidad.
¿Acaso estaré total, parcial o ingenuamente equivocada?