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¡Encuentra tu Everest!

 

Para poder subir una montaña no solo debes tener una excelente condición física, o una buena técnica, sino estar preparado para aguantar temperaturas extremas de - 40° centígrados, tener actitud, motivación, fuerza, perseverancia, tolerancia, compañerismo...

No importa si eres hombre o mujer, la preparación física y mental debe estar al 100% en tu mochila, cargas exactamente lo mismo, porque tu equipo es tu vida. La mochila pesa de 15 a 17 kilos, además de que debe saber colocar los trampones y el piolet con la misma destreza y seguridad que los demás.

Después de esto, estás preparado para comenzar la lucha por subir y conquistar la cima... pocos, son los afortunados que pueden llegar, algunos, se quedan en el intento en el primer campamento al comenzar a aclimatarse...

¿Cómo?

Cada determinada cantidad de kilómetros se instalan campamentos bases, según el tamaño de la montaña, son el número de campamentos que se instalan y, para acostumbrarse poco a poco a las bajas temperaturas, y acostumbrar al organismo al poco oxígeno, de forma paulatina...

Esta operación la repiten varias veces para ir acostumbrando al cuerpo a la falta de oxígeno y para prevenir lo que se conoce como "el mal de montaña".

El mal de montaña consiste en vómito y hemorragia nasal, dolor de cabeza constante, y otros malestares. También te expones a los edemas pulmonares o cerebrales debido a la gran altura.

A veces tienes que avanzar pecho a tierra, porque si no el viento te levantaría como papel...

Caminar 20 Km. para ascender sólo 1,300 mts verticales y sientes en tu cara el viento que te quema a mas de 100 Km. /hr. a temperaturas menores de los 40 °.

Mientras luchas por seguir subiendo, durante el ascenso logras ver cadáveres, alpinistas enfermos, heridos, sin brazos, o ciegos, sin dedos porque los han perdido por el congelamiento.

Sabes, que puedes perder la vida, pero conquistar la cima ¡es algo que quieres lograr!

Una vez que llegan al último campamento, descansan en él varios días y tratan de ahorrar la mayor cantidad de energía posible.

Cada integrante en una expedición por algunas horas se encuentra dentro de su casa de campaña; la reflexión, la soledad y el aislamiento los rodea, y se encuentran consigo mismo para auto motivarse.

Derriten la nieve para poder tomar agua y nunca se desprenden de sus guantes, sus termales y sus botas.

Cuando las montañas son muy altas, como en el caso del Everest, ascender sin oxígeno adicional es suicida, porque en la cima de la montaña sólo el 7% del aire es oxígeno...

Después esperar el momento adecuado, en donde una ventana climatológica te invita a finalizar el reto de la cima y tu aceptas la invitación, porque ¡ya estás preparado! una "ventana" es un buen día en la montaña con vientos relativamente bajos y poca nevada, es una invitación anónima pasa seguir adelante.

La montaña dice NO cuando el objetivo no se alcanza a ver, cuando el cielo no se despeja y está nublado, cuando no pueden dirigir sus pasos por falta de visibilidad, entonces, lo mejor es regresar e intentarlo en otra ocasión.

En conjunto te unes con tus compañeros para el ascenso, tu eres ellos, y ellos son tú, si tu caes, ellos caerán, si eres sacudido por una avalancha, con tu peso arrastrarás a tus compañeros ya que todos van unidos por la misma cuerda; y si pierdes una sola pisada por el cansancio, resbalarás y caerás al abismo.

Para subir a la cumbre salen de madrugada porque deben evitar que el sol derrita la nieve y se provoquen avalanchas.

Al alcanzar la cima, únicamente permanecen en ella segundos, disfrutando del momento y de sentirse cerca de Dios.

Ahora debes comenzar el descenso, aún no termina el reto... estás en la cima... pero el verdadero reto comienza ahora... descender sano y salvo... sin dejarse llevar por la euforia porque, en esas condiciones la muerte, es muy probable si no lo haces instantes después de haber llegado a la cima...

Los accidentes de alpinistas suceden durante descenso, ya que la fatiga los vence por haber empleado la mayor parte de su energía en el ascenso.

¿Cuántas veces hemos caído? ¿Cuántas veces dejamos de luchar y nos damos por vencidos?, ¿Cuántas veces queremos tirar la toalla?, ¿Cuántas veces sabemos que pudimos intentarlo, y tuvimos miedo? ¿Cuántas veces dejamos nuestros sueños porque creemos que no se realizarán? ¿Por qué?

¡Sí podemos lograr nuestros objetivos!, estoy convencida de ello... solo nos hace faltan ¡ganas!

Y prepararnos como los alpinistas, para la lucha diaria de nuestra vida, ¡basta ya de subir peñascos y montañitas!... ¡Conquista la cima de tu propio Everest! y como los alpinistas, el subir no lo es todo, hay que descender con éxito...

 

Colaboración de Magali Sauceda
México

 

 

 
 


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