Sólo ver los rostros famosos me hace feliz.

Sólo los famosos me hacen feliz.
Sólo la cara conocida, popular. Esa que se deja ver. Sonriente, brillante. Esa que parece no tener vida privada. Esa que ha sido vista y es por millones.

Mi cara es brillante y sonriente.

Esa que no se esconde. Ese rostro que en su vida privada es otro. Y en la vida pública el mismo de siempre: popular, sonriente, brillante, amable, agradable. Siempre.
Sólo me hace feliz ver personas famosas. Vistas muchas veces bajo un mismo foco. Ante un mismo foco. Sobre un mismo foco. Ese foco que enfoca, que señala, para que el rostro que señala brille, ilumine y haga feliz verlo.

Mi cara es brillante y sonriente.

Sólo me hace feliz ver rostros famosos de actrices guapas, de actores brillantes. Esos rostros que tienen doble vida, como todos los humanos: pública y privada.
Pero ellos son populares. Vistos por millones, muchas veces, bajo un mismo foco. Brillantes. Siempre definidos. Públicos. Como tú y como yo. Pero ellos famosos.
Ellos parece que se esconden cuando no están ante los focos, cuando no están a punto de salir ante ellos o después de salir, cuando entablan conversaciones con otros habiendo dejado quizá ya al personaje popular, que ha quedado grabado en la película de las mentes espectadoras.

Mi cara es brillante y sonriente.

Sólo me hacen feliz los populares. Los famosos. Los conocidos por todos. Esos que no tienen asomo de sombra cuando interpretan un personaje. El suyo de siempre, como presentador u otro personaje para una película, si es actor o actriz. Sólo a ellos me hace feliz verlos. Depurados, definidos, sin sombras de otro. En privado y en público. Felicidades. Os admiro.

Mi cara es brillante y sonriente.



Colaboración de Carlos

España
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