“No olvides que te amo…”
Esas fueron tus palabras al despedirnos
el 31 de diciembre, después de habernos
amado apasionadamente… sin sexo…
sólo amor apasionado.
Y… ¿cómo olvidarlo?
Escucharlo de tus labios, contemplarme en
el brillo de tu mirada y adentrarme en la
profundidad del cielo, fue una sola cosa.
Porque eso es algo que perseguí incansablemente
por mucho tiempo…
Es algo que ansiaba escuchar de ti y que casi
llegué a creer que nunca llegaría.
Pero llegó…
y se acabaron mis dudas…
y se acabaron mis temores…
y se acabaron mis recelos…
porque tus ojos no mienten y mi corazón no se equivoca;
unos y otros me dicen que me amas con la misma intensidad
que nace desde el fondo mismo de mi alma y de mi ser.
Este es el inicio de un nuevo año,
pero nuestro amor sigue siendo el mismo;
si acaso más intenso, más maduro, más seguro…
más fuerte y tierno a la vez.
Ahora sólo tengo que agradecer al cielo y a la vida,
que permitieron que coincidiéramos en el tiempo y el
espacio y que surgiera este sentimiento entre los dos.
Y no quiero que dure sólo un año:
toda la vida sería un buen comienzo…
