Te moriste en la noche, o en plena madrugada
Y tu última copa se quedó sin beber;
Te marchaste en silencio, no nos dijiste nada
Y ya de despedidas no quisiste saber.
Te fuiste con las sombras que anuncian la alborada
y mi última palabra no pudiste escuchar;
te fuiste con la luna a tu última morada
llenando de tristeza lo que fuera tu hogar.
No sabré si en tu viaje te lleves mi recuerdo,
No sé si con el tiempo yo te pueda olvidar;
Mas sé que un gran vacío quedó con tu partida,
Un vacío que nunca, nadie podrá llenar.
Adiós hermano mío, que el señor te proteja,
En mí quedan guardados tu amor y tu amistad;
Ojalá donde vayas no encuentres ni una queja
Y al fin tu alma se llene de gran felicidad.
Salúdame a los viejos si te encuentras con ellos,
Diles que los amamos, que todos están bien;
Y márchate tranquilo a esos parajes bellos,
A ser feliz por siempre en ese eterno Edén.
