Seré tu cuervo audaz posado a tu ventana. Como noticia certera llegaré justo a tiempo y llamaré a tu cristal, no me abras, por favor. Igual vendré cada mañana de lluvia, cada domingo de nieve o tormenta, vendré cuando no me esperes, vendré cuando ya me olvides, siempre y cuando no me abras, vendré. Así quizás un día entiendas que era yo tu cuervo audaz posado a tu ventana, sin más anhelo que a tu despertar. Entonces regresaré de vuelta a mi nido. Regresaré como siempre tendré que regresar, después de cada mañana, después de cada domingo, donde me aguarda el desvelo, donde debo arriesgar, donde no existe ventana cerrada, donde me han de esperar.
