Entrando en tu fantasía
compones bellas historias
soñando con dinosaurios
conduciendo tú macaqueen.
Hablando con los cangrejos
viendo pasar las ballenas
pececitos de colores y
armando rompecabezas.
La imaginación bendita
te lleva a mil aventuras
mientras corriges palabras
con un “eso no se dice”.
Eres dulce con tu sol
sociable cómo ninguno
sensible e inigualable
cariñoso y perceptivo.
Ojalá cuando madures
como el Señor nos lo pide
que tu corazón jamás...
deje de ser de niño.
