Mi carga emocional me incitó a hacerlo, colocar mis manos frías sobre tu cuello y sentir tu esencia correr por tus venas, una entera sobredosis de pasión que comenzó a recorrer mi cuerpo llevándome al éxtasis, mientas drenaba tu aliento lentamente y tú, como a la espera. Una lágrima derramada de último momento, una más de esos ojos convertidos en mi mundo, la despedida, tu último suspiro de vida era mío, condenado pero al final mío. Era justo lo que necesitaba y siempre se trato de eso. Yo un demonio perfeccionado y tú, sigues estando muerto, un poco más que aquél día en que robaste mi alma por primera vez.
