Me he decidido subir en ese tren en que se suben las personas lastimadas, las personas con sueños e ilusiones rotas.
Las personas que tienen los recuerdos más tristes, los que lloran con ellos, cada noche imaginando... recordando, pensando y creyendo en las palabras o también las personas que solo se hacen las fuertes, pero al final quedan destruidos. Mas las personas que han hecho todo para poder estar, para poder ser queridas pero nunca han podido cuajar en una sociedad que es tan superficial.
Las personas que ya se han matado y todo lo que les pasa en su vida da igual. Aunque todo los lastima.
Algunas que solo siguen esperando a quien prometió nunca irse. A quienes están situados en el pasado, en la cotidianidad y a esas personas que se les ha hecho mas fácil la soledad que las compañías, por miedo a las falsedades.
Aquellos que dejan pasar el tiempo, haber si algún día se cumplen las promesas. Y si me decidí a subirme en este tren para armarme: armar los recuerdos, el corazón, la confianza a ciegas por alguien, la forma de arriesgarnos un poquito mas sin temores, sin angustias y sin dolores.
En donde he decidido cerrar el libro y comenzar una nueva historia y ya no contigo, ya no con nadie sino conmigo. Con la tranquilidad de la soledad y lo maravilloso que es tomarse un café en la mañana, sintiéndote completo pero con un recuerdo.
