Quién sería está persona ilusa que dijo que nunca morirían sus afectos; que no abrían un día en que no pensara en su ser amado.
Ya no lo reconozco. Ha remplazado sus cálidos orbes por pozos sin fondo. No le escucho decir las promesas que solía entonar con tanta enjundia antes de que muriera el sol. Quizá debí advertir entonces que el sol algún día se escondería.
Se ha escondido en ti.
No conozco a este recoveco de hombre. Un amante sin pasión; un hombre sin corazón.
