Cae la noche, silenciosa y muda,
En su manto negro nos atrapa,
Se ilumina de hermosas estrellas,
La luna emite sus rayos de plata,
A lo lejos alguien ríe,
Se parece a la risa de mi amada.
Es una niña hermosa,
Con una cándida mirada,
Con una sonrisa de hada,
En su corazón se dibuja una rosa,
En sus labios una poesía,
Y en sus oídos una tierna y dulce sinfonía.
Ella es un cometa, que en cada palabra deja huella,
Que en cada corazón irradia amor,
Que en cada mirada planta alegría,
Esa es mi niña, que juega con la fantasía,
Que desecha del alma el dolor,
Que habla y luego calla.
El alba da sus primeras pinceladas,
Las aves empiezan a trinar su melodía,
Los grillos agitan tumultuosamente su canto,
Mi inspiración se vuelve poesía,
Mi verso traspasa el campo santo,
Y mi voz, para mi niña, entonados mil baladas.
No existe isla más hermosa,
No hay cielo sin estrellas,
No se conoce flor más encantadora,
No puede haber paraíso sin princesa,
Eres única mi soñadora,
Única entre todas las rosas.
Si la tierra calla,
Si el cielo se cubre de tristeza,
Si la mar brama, en un puerto,
Ella canta cerca de una muralla,
Ella, en un pasillo de una iglesia, reza,
Y las flores renacen del viejo huerto.
Esa es mi niña, un ángel con corazón de humano,
Convierte los páramos en un hermoso paraje,
A su lado, todo es alegría,
No existe la famosa melancolía,
Con su sonrisa plasma un encantador paisaje,
Esa es mi niña, que cuando caigo, me extiende su mano.
