Estando sola y triste encontré un paisaje que no conocía, descubrí el invierno helado de unos montes escarpados, el silbido del viento que viene de las montañas, los solitarios pájaros que huyen del frío en busca de un sol naciente, el rugir de las olas en alta mar, en un mar abierto y gris hasta ahora desconocido. Viajé y sentí el miedo inhóspito de un desierto infinito...
el calor abrasador de un verano sin agua... El picoteo de los pájaros que buscan y no encuentran en la orilla, la soledad del pueblo abandonado, los oscuros horizontes...
Y la lluvia continua, rota, fría, penetrante, inmensa, insistente, quejumbrosa... Y sola. Perdí la sonrisa, en un atardecer de primavera, se me escurrió de las manos la esperanza, dejé caer la ilusión y la edad por una alcantarilla. Se me enredaron los sueños, se me borraron los besos, volví a perder los abrazos y no encontré nuestros cuentos... Estando sola y triste... me dormí y soñé que no vivía que nada había pasado que eras tú de nuevo aquí... Conmigo… Todavía.
Colaboración de
Potter
España
