Y sentí el vacío cuando supe que marchaba,
y decidí partir aunque se me partiese el alma,
y me perdí a lo lejos dejando a quienes amaba,
y lloré para mi cuando sentí todo perdido,
y comprendí entonces que la soledad mataba,
y me di cuenta tarde de lo mucho que dolía,
y guardé silencio mientras los demás reían,
y observé miradas que veían igual que mis ojos,
y descubrí que no sólo yo sufría,
y me enteré que no sólo yo extrañaba,
y animé a otros a creer en las sonrisas,
y para suerte mía vi en mi rostro dibujada una sonrisa,
y en mi cama dormía ahora ya tranquila,
y mis sueños eran más que fantasía,
y comprendí que la soledad puede ser tu amiga...
Colaboración de Nadia Arroyo
México
