Tras las batallas incesantes y previendo un final aparentemente inevitable, en un abismo sin fondo donde todo es oscuro y el sol es meramente un miraje, donde el último rayo de luz se desvaneció al perder su curso y quedarse atrapado, dándolo ya todo por inútil (o perdido)... Pensé... En que llegaría un mañana, otro cualquiera, ¿qué más daba?, el sol, la vida... No importaba nada, y la culpa no era mía, era del mundo entero...
Tampoco importaba yo... Pero tú sí, el mundo podía seguir sin mí, tú también... Pero yo no, no me bastaba con ser sólo un recuerdo, doloroso... Quería estar a tu lado, en la distancia o no sin saberlo tú ni darme cuenta yo, aquel día me salvaste la vida... Y ya llegó el momento de enfrentármela, de ir recobrando el sentido alcanzable, para que no se vuelva a perder otra vez, de abrir los ojos hacia fuera, de luchar hasta la última gota de sangre para poder descubrir cada día un mundo entero... Siempre tendrás un espacio en mi corazón, el justo, pero ¿cuál es el justo si siempre está vacío?...
¡Ninguno! Tengo grabada tu imagen, pero no dejare a mi mente contemplarte más. Nada podrá revivirla salvo la alegría de un quizás, al que jamás debo esperar.
Colaboración de Clara
España
