“Amados hijos míos:
No lloréis por mí, no vale la pena hacerlo en estos momentos si cuando me teníais con vida nunca lo hicieron, los quise y mi vida entregué por ustedes, pero es hora de dejadme partir hacia lo inevitable. Perdonen si mi muestra de afecto nunca la dejé ver a plena luz, pero entiendan que la vida es una constante de retos, y si nunca vieron mis esfuerzos fue porque no quisieron hacerlo, yo más por ustedes ya no puedo hacer.
Los amo queridos hijos, nunca lleguéis a olvidar la vida de enseñanzas que les dejé establecido desde el día de su nacimiento, Dios quiera y ustedes quieran a los suyos como lo hago ahora con ustedes. Si en algún momento desean sentir consuelo, no duden en llamarme que por siempre estaré yo a su lado.
Adiós hijos, los quiero y les deseo buena suerte,
Su papá.
Lo escribí en memoria de mi abuelo, el profesor Miguel Ramos García
Colaboración de
Lizbeth
México
