Soledad, nuestra vieja amiga, nuestra triste guía, guía a la que mi alma se abraza y de la que talvez tú alma escapa. Tu soledad y mi soledad se buscan pero tu sueño no es mi sueño, y aunque con tus sueños se inquieta mi alma para detener mis sueños esto no basta.
Me siento extraña ante mi misma, pues ya no soy la soñadora que en silencio deseaba amores, la que solo en un amor pensaba y me siento perdida entre tus sueños y los míos. Si supiera hacia donde van mis caminos, si no amara tanto al dueño de estos sueños, si tú y no él fueras mi desierto, tal vez encontraría el oasis que estoy perdiendo.
Más no puedo ni quiero dejar en ti promesas, la promesa de olvidar un amor que puede ser eterno o que puede ser fugaz, amor que tal vez desee liberarse para poderte amar.
Y pienso que nuestra soledad hoy busca en vano, el amor que sirva de
sosiego a la tristeza, a esa tristeza que no se porque se halla ausente
cuando estoy contigo y que esta conmigo cuando él no está.
Intenté escribir poesía hace algún tiempo, cuando el ímpetu de la adolescencia y del primer amor nos convierte en poetas extraordinarios desahogando sentimientos personales y colectivos en un cuaderno llamado “pensamientos”. Hoy muchos años después navegando me encuentro con tan espectacular espacio para recordar aquellos tiempos y por esto me atrevo a compartir uno de los muchos “poemas” que han logrado sobrevivir el paso del tiempo, los afanes de una vida ya no propia y la ausencia del recuerdo.
Colaboración de
Yayis
Colombia
