Si alguien me hubiera dicho antes, en aquel preciso momento…
Si una “yo” externa hubiera aparecido frente a mí y me hubiera dicho:
-Retrocede, aléjate, porque, es este el momento definitivo en que se decidirán tantas cosas tan importantes de tu vida. Decidirás ahora, si te quedas, pasar por tanto dolor comparado con las alegrías. Escogerás entregar un lapso de tu vida que nunca recuperarás.
Momentos y oportunidades que nunca te serán regresados. Y más importante que todo, perderás la oportunidad de conocer a alguien que te amé como te mereces por amar a alguien que nunca merecerás.
-Si miras hacia allá verás a la persona, que de ahora en adelante amaras con silenciosa y fiel pasión… Yo hubiera hecho todo exactamente igual. Hubiera mirado con indiferencia.
–Y sin saber- a aquel que me haría desear haber nacido otra para poder ser a quien el amara.
Todo, las lágrimas, la noches de insomnio, las de pesadillas, los días sin sol y los días de tormenta, las noches sin luna y ni tan siquiera una sola estrella, los sueños rotos y tantas otras cosas rotas en mí que jamás poder reparar, el vacío en la mirada y en el corazón y en el alma, el odio y el amor al mismo tiempo, el miedo y el olvido y el miedo al olvido, las ansias locas de salir corriendo y gritar el deseo desesperado de volver el tiempo y la oración que cada noche le hice a Dios… Todo lo hubiera hecho otra vez.
Porque Dios me permitió amar a alguien. Y le amé cuanto pude, todo lo que pude y hasta que ya no fue posible. Incluso tal vez un poco más. Porque me dejó ser alguien a través de su mirada y me permito conocer la mañana de un nuevo día lleno de tantas ilusiones y alegrías entre sus brazos. Porque por un instante breve en el tiempo fui “alguien” para alguien y aunque sea alguna vez después de mucho tiempo sé que él me recordará y no podrá más que sonreír, porque yo no hice nada más que amarle hasta el final.
Nunca le reproché ni le aferré a mí, al contrario con el corazón roto, le dejé ser libre y lo llené de bendiciones. Amé, como estoy segura de que se debe amar: Luchando un poco mas allá por lo que es obvio que está perdido y sabiendo renunciar a lo que todo el tiempo estuvo claro que no fue mío en ningún momento. ¿Te digo una cosa? Ya no me duele que no esté cerca de mí. Bueno la verdad algunas veces aun me duele un poco pero lo cierto es que la mayor parte del tiempo estoy feliz.
Porque aunque fue muy difícil, de las cosas más difíciles con que tuve que lidiar, sé que hice algo bueno por quien amaba al dejarle ir, que al final resultó ser bueno para mí también. Gracias a eso, no tengo un sólo sentimiento de rencor o resentimiento, sólo tengo buenos recuerdos incluso en los que lloré porque me recuerdan con que intensidad amé.
Se ahora, que fui valiente, aunque también estuve cegada y perdí por un tiempo el camino y pensé que no podría hacerlo, que prefería seguir lastimándome, que prefería seguir intentando. Pero ya no había nada más por que luchar. Y tuve un momento de claridad. Me di cuenta de que era el final y a pesar de que en el fondo no lo creía por completo supe que tal vez amaría a alguien otra vez. No igual, eso nunca. No más pero si mejor.
Y le deje ir por completo, no físicamente, sino de mi corazón, donde pareció estar la mayor parte del tiempo, con la plena seguridad de que si Dios no lo quería para mí, al menos lo mantendría inolvidablemente cerca.
En un tierno recuerdo, en una noche tranquila sin llantos ni pesadillas, con luna y con estrellas, incluso tal vez con nuevas ilusiones, en un día con sol que entibie pero que no fatigue en la tormenta que me refresque, en la seguridad de no temer más al olvido, porque sé que no olvidaré.
Y en la suerte de saber que habitamos el mismo mundo, mucho mejor aún el mismo país y la misma ciudad, y, si las probabilidades están de mi lado –que lo estarán- un día nuestros pasos tendrán que volver a encontrarse, porque a pesar de la distancia que nos rinde, todo este tiempo, incluso antes de conocernos, hemos estado ‘cerca’.
Colaboración de Paty Nelson
México