Tus ojos profundos me miran y me hablan de ti, de tu interior y exterior, de tus rencores y dolores, de tu amor y desamor, de tus heridas abiertas y cerradas, cicatrices profundas, de tus senderos caminados y a veces pisoteados.
Tus ojos buscan la salida a un camino sin salida. Tus ojos me lastiman, me dan lástima.
Tus ojos no me ven y no quieren verme.
Tus ojos se posan en el cielo, buscando que las estrellas sean las confidentes o dueñas de tus sueños.
Miras con los ojos cerrados y amas con el corazón apagado.
Quisiera con una simple mirada, una tímida caricia o una media sonrisa despertar a ese humano dormido que late en ti y quiere despertarse, pero no lo dejas y te resistes a tener los pies sobre la tierra y no la mente en el espacio.
Dame de eso que tú tienes y no quieres darme o no puedes.
Dame de eso que tú no tienes o crees que no lo posees.
Háblame con los ojos cerrados pero con el corazón encendido. Tu corazón...
No lo apagues antes de que deje latir.
Tus ojos me miran y me hablan, me dicen que los míos están abiertos pero cerrados y que mi corazón late, pero está apagado, que mis ojos se posan en el cielo, tratando de hablar con al menos una estrella.
Tus ojos me dicen que quieren algo de eso que yo tengo y no puedo darte o no quiero dar.
Que si pudieras con una simple mirada, una tímida caricia o una media sonrisa, despertar a ese humano dormido que vive en mí.
Yo no puedo pedir si no puedo dar. Y no puedo dar si reclamo lo que doy.
Si tus ojos y los míos están cerrados, como pudimos mirarnos el uno al otro. Que vano fue mirarte si lo que vi no existió y que tonto fue que me miraras si lo que creíste ver no fue real.
Las personas miramos lo que queremos y como queremos. No confundamos conocer con aprender a escuchar para conocer, escuchemos con el corazón y no solo con la mente.
Quizá algún día podamos comenzar a hablar con la
boca y no con los ojos que se vuelven ciegos cuando ellos lo deciden.
Colaboración de Mariana
Argentina
