Ya pasaron una, dos, tres, cuatro semanas y tú, todavía no apareces.
Te marchaste, pero dejaste tu recuerdo, que carcome poco a poco, el tiempo que me queda sin ti.
Los recuerdos reviven de la nada, y mi mente comienza ha agonizar lentamente, mi corazón late cada vez mas rápido y las primeras gotas de sudor, nacen.
El abandono y la soledad se alimentan, de las pocas miserias de lo mucho que existió.
Una noche azul profundo y una luna silenciosa, son cómplices de aquellas lágrimas que brotan de mis ojos negros, por la distancia, consecuencia de un olvido.
De vez en vez, mis labios entonan una melodía melancólica, que atormenta más mi corazón y alimenta la vivaz presencia de rencor.
Las horas pasan eternas en mi reloj, el Sol se esconde más temprano, la Luna abunda en toda esta oscuridad...
Ya pasaron uno, dos, tres, cuatro años y tú, todavía no apareces.
Colaboración de Sirami
México
