¿Por qué cargas, ninfa, la tristeza en tu sonrisa,
y desgarras la ternura en el soplo de la brisa;
y ahogas las gaviotas en las aguas de tus mares;
y salpicas de agonía el candor de tus pesares?
Si viven en tu alma inmarchitables margaritas,
y perfuman tus jardines las flores exquisitas;
¿Por qué tan triste el sublime eco de tu canto,
si sondea el amor en las entrañas de tu llanto?
¿Si eres luz excelsa destellando en lo sublime;
y habita en tu regazo el puerto que redime,
estas ansias vesánicas de asirte entre mis brazos,
y hundirme como Cristo, en la cruz de tus ocasos?
