Todos sentimos alguna vez esa punzada, ya sea en el pecho o el estómago. Esa sensación que te da cuando recibes un mensaje de esa persona sin que tú le hayas hablado primero, ese instante de felicidad, placer y nerviosismo que sucede cada vez que él o ella te habla, cada vez que sus miradas se encuentran. Ese sentimiento que jamás se va, no importa cuanto lo desees, estará allí siempre que este esa personita. Aún si te falla.
Comienzas a odiar un poco más ese "coso" mientras más te encuentras con él o ella. Porque eso es lo mismo que sentiste antes de que te traicionara y también lo que te hizo darte cuenta de lo tanto que le querías o quieres.
Puede que le hayas perdonado, o que le dijeras que le perdonaste, solo para no perderle. Sí, hay gente que hace eso por más estúpido que suene. Quizás de ahí viene el dicho "el amor todo lo puede".
Me ha pasado, le dije que le perdoné estando el dolor prevaleciente en mí hasta el día de hoy, pero lo nuestro no funcionó de todas formas.
Él solo me lastimaba, tanto intencionalmente como no. Ahora somos solo amigos, ambos con parejas propias y una vida social perfecta, bueno, en su caso únicamente porque, claro, él arruinó la mía. Me hizo lo peor que le puedes hacer a una adolescente o mujer de cualquier edad: convencerla de algo "X" para luego mostrárselo y difundirlo a todos sus conocidos.
Pero lo superé, intento hablar con él en público lo menos posible y pronto me cambiaré de escuela. Tengo la suerte de vivir muy lejos de su casa y que este nuevo colegio no esté en un lugar donde me lo pudiera encontrar por casualidad. En cuanto logre alejarme lo suficiente solo tendré que ignorarlo en las redes sociales.
De ese modo no volveré a sentir esa punzada en el pecho, ese "coso" que tanto detesto, ese nerviosismo inerte que mi mente utiliza solo para recordarme la fatal falta que cometí, esa sensación que no parece que se vaya a ir pronto.
No quedarán rastros de lo que fue mi primer y peor amor.
