Palabras pensando en lo que ha pasado, palabras que no definen de todo lo sucedido, solo tratan de exponer un sentimiento, para que alguien lo pueda leer, quizá lo pueda interpretar.
Veo pasar el tiempo frente a mí, el mismo avanza de forma imparable, en mi mente están suspendidos recuerdos, yacen flotando como burbujas en el aire, cada burbuja una imagen, cada imagen una vivencia y cada vivencia un recuerdo, feliz o doloroso, pero solo es mío.
Veo el reloj, ya se esta acabando el día y me pongo a pensar en eso que hice en este año que termina, yo no puedo decir si haya sido bueno o malo, cada quien dirá como lo vivió, fueron situaciones que me trajeron tristeza, pero las hubo también con felicidad.
Recuerdo a alguien, con quien compartí bellos momentos, recuerdo a alguien con quien tuve severas discusiones, recuerdo palabras de aliento, recuerdo un brazo que me sostuvo para no caer, mis ojos se ponen vidriosos, reteniendo una lágrima que quiere salir.
¿Es acaso malo el que un hombre quiera llorar? Pregúnteme yo en este momento, ya que en nuestra mente esta arraigada la enseñanza de que un hombre no debe de llorar, porque debe de ser fuerte ante todo y el sostén de los demás, pero insisto yo, ¿Acaso no también se llena uno de sentimientos?
Veo pasar el tiempo, el reloj y sus manecillas con su imparable avance, con un movimiento silencioso indicándonos los segundos, los minutos y las horas que transcurren para que termine este 2016, creo que este año fue duro a mi parecer.
Voy a extrañar a esas personas que partieron de mi vida, que ya no forman parte de mí, sea por decisión propia o por terrible perdida para mi alma, pero sé que también llegaron a mi existir, personas que empiezan a ser importantes para mí.
Debo detener mi escribir, el deber llama, se termina este 2016 y solo digo ahora, que empiece este 2017 y que venga el mañana para vivirlo y ser mejor que el Hoy y el Ayer.
