El día florece y se seca la noche,
retoñan las horas, se vuelven roble.
Un bosque verdiseco es la vida;
una selva, una jungla de vida doble.
El roble se seca y cae al suelo,
y nunca se olvidan de él.
Pasan otros robles como soldados;
a veces traen tristezas, a veces consuelo.
El bosque corre sin llevar prisa
pero no se detiene ningún momento,
los robles se agarran de las manos;
soltarse sería un gran lamento.
Los robles se arman con balas de años
ya no quieren ser parte del bosque;
quieren ser el bosque mismo
asesinando a su propio hermano.
Pero el bosque es invulnerable
sus hijos y nietos son parte de él;
ni todos juntos podrán derrotarle
pues sus hijos y nietos son él.
